Un recorrido guiado a través de los sonidos de América Latina, sus instrumentos y sus intérpretes. Por Edgardo Civallero.

martes, 2 de junio de 2015

Frotados, punteados, percutidos...

Frotados, punteados, percutidos...

Los arcos musicales sudamericanos


 

Los arcos musicales sudamericanos son, con alguna excepción notable (carángano), instrumentos heterocordes. Sus orígenes son aún muy debatidos; en general se cree que los arcos de boca frotados (con otro arco o una varilla) y algunos de los pequeños arcos de boca percutidos o pellizcados son de origen indígena, mientras que los arcos de boca más grandes y aquellos que cuentan con resonadores de calabaza o similares serían de origen africano o estarían inspirados en ellos. Sin embargo, se trata de un "regla" llena de excepciones, huecos e incertidumbres. El hecho de que entre las comunidades indígenas los arcos musicales fueran (y aún son) empleados como instrumentos de ejecución íntima (a veces con significados mágico-religiosos) hizo que no siempre quedaran registrados en las crónicas de los primeros europeos, apareciendo recién en los escritos de viajeros de los siglos XVIII y XIX. La falta de documentación, unida a los numerosísimos mestizajes, ha acrecentado las dudas de los historiadores sobre la evolución, presencia y uso de estos cordófonos en periodos históricos anteriores.

Están presentes prácticamente en todo el continente, desde el Caribe hasta la Patagonia y del Pacífico al Atlántico, salvo en zonas muy concretas (p.e. buena parte de la cordillera de los Andes). En su mayoría son arcos de boca simples; los arcos de boca dobles, escasos en proporción, se encuentran únicamente en el Chaco y la Patagonia, y suelen llevar sus cuerdas entrelazadas. Los arcos con resonadores de calabaza aparecen en las áreas de influencia de las comunidades de origen africano, y cuentan con un reducido puñado de variedades.

Su tamaño pocas veces supera los 30 cms., con excepción de las variantes de origen africano (marimba, carángano, berimbau y similares) y, según Izikowitz (1934), los instrumentos de los Cashibo (Perú) y los Quijo (Ecuador). Generalmente se elaboran con segmentos de madera elástica; en la mitad norte del continente suele utilizarse una sección de la nervadura central de las hojas de distintas especies de palma o palmera. Sin embargo, también se emplean diversos tipos de caña y, en la Patagonia, piezas de hueso (sobre todo costillas). Las cuerdas solían ser de cabello, crin o cerda, tripa o la fibra vegetal de uso más habitual dentro de cada cultura; en la actualidad también se usa alambre, nylon y otros tipos de hilos y fibras artificiales. Por su parte, la varilla percutora/de fricción puede hacerse a partir de distintos materiales y, como ocurre con las cuerdas, suele humedecerse con saliva, aunque en ciertos casos (p.e. los Nomatsiguenga) se señala el uso de resina.

Son empleados sobre todo en contextos rurales por pueblos indígenas y comunidades afro-americanas; a excepción del berimbau brasileño y el carángano caribeño, su uso no se ha extendido entre la población mestiza, y continúa siendo un instrumento muy poco conocido en áreas urbanas.

Los arcos musicales indígenas son, mayoritariamente, instrumentos de uso masculino (con contadas excepciones, como el tauüntaü de los Piapoco). Normalmente se interpretan en espacios íntimos, privados; en algunas culturas son utilizados para enamorar (p.e. entre los Wichi y otros pueblos del Chaco) y para conectarse con el mundo de los espíritus, especialmente en el caso de los chamanes o los consumidores de ayahuasca (p.e. entre los Siona, Shipibo, Secoya, Achuar y Awajún). Como ocurre con muchos otros instrumentos musicales sudamericanos, el arco musical aparece en la mitología de algunos pueblos indígenas (p.e. entre los Shuar), como parte de sus leyendas. Los de origen africano, por el contrario, pueden ser interpretados por ambos sexos y cuentan con un repertorio público muy vinculado a ambientes festivos comunitarios y colectivos y, en ciertos casos (berimbau), a actividades extra-musicales en las que el instrumento desempeña un rol simbólico muy importante.

 

Referencias

Balfour, Henry (1899). The natural history of the musical bow: A Chapter in the Developmental History of Stringed Instruments of Music. Oxford: Clarendon Press.

Mason, Otis T. (1897). Geographical distribution of the musical bow. The American Anthropologist, 10, pp. 377-380.

Sadie, Stanley; Tyrrell, John (eds.) (2001). The New Grove Dictionary of Music and Musicians. Nueva York: Grove.

 

Sobre el artículo

Texto: Edgardo Civallero.

Ilustración: Casimiro (informante Tehuelche) interpretando un koólo. Foto: Lehmann-Nitsche (1908).

Información tomada del libro digital "Los arcos musicales de América del Sur", de Edgardo Civallero, accesible en línea.

 


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