Un recorrido guiado a través de los sonidos de América Latina, sus instrumentos y sus intérpretes. Por Edgardo Civallero.

jueves, 26 de mayo de 2016

Introducción a la música tradicional de América del Sur

Introducción a la música tradicional de América del Sur

Unidad 3 (a). El área platense


 

Las costas bañadas por el Río de la Plata, en la confluencia de los ríos Paraná y Uruguay, incluyen las ciudades de Buenos Aires (Argentina) y Montevideo (Uruguay), urbes históricas, grandes puertos y puertas de entrada meridionales a América del Sur.

En esta zona se conserva la expresión músico-coreográfica afro-americana más importante del Cono Sur: el candombe. Se trata de uno de los rezagos más puros de la cultura afro-platense: la de los antiguos esclavos del Virreinato del Río de la Plata. En la actualidad tiene total vigencia en ciertos barrios de Montevideo, aunque también está presente (con mucha menos fuerza) en Buenos Aires.

El candombe uruguayo se interpreta durante la "llamada": una expresión musical y coreográfica en la que una comparsa de numerosos tamborileros ("cuerda de tambores") desfila y baila por la calle. En estas llamadas se utilizan tres tipos de tamboriles: de agudo a grave, chico, repique y piano (en Argentina se usan solo dos, el llamador y el contestador, más una serie de idiófonos). Las tres voces se combinan para armar un denso entramado rítmico. Mientras que una parte de los tamboriles mantiene un ritmo sostenido y fijo, otra parte queda libre para la improvisación, lo cual da a las "llamadas" –que ya de por sí tienen un innegable espíritu comunitario– un toque distintivo de libertad.

Toda comparsa lleva consigo, además de bailarinas y porta-estandartes, a varios personajes disfrazados, cuyo significado original parece haberse perdido: ejemplos son "el gramillero", "la mama vieja" y "el escobero".

El candombe se interpreta en un puñado de barrios de Montevideo (p.ej. Barrio Sur, Barrio Palermo). Cada barriada posee un estilo de interpretación propio, fácilmente reconocible por los expertos. Los principales constructores de tamboriles se encuentran, además, dentro de los barrios de donde proceden las comparsas más celebradas.

Si bien las "llamadas" mantienen un calendario y cierto carácter ritual, se dice que muchas de ellas son "espontáneas".

Uruguay es también la tierra de la murga, un género coral-teatral-musical carnavalero con una larga y jugosa historia. Derivadas de las chirigotas de Cádiz (España), involucra a un coro de una veintena de personas acompañado por una "batería de murga": bombo, redoblante y platillos. La agrupación (también llamada "murga") presenta, sobre un "tablado" (escenario tradicional) cuadros musicales con personajes y línea argumental, y canta sobre un ritmo fijo (marcha camión, candombeado, plena, marcha, malambo) con letras poéticas o de ácida denuncia, siempre provistas de una buena dosis de humor. Las distintas agrupaciones suelen presentar sus últimas creaciones a concurso oficial durante los Carnavales; con esas creaciones, las más famosas (p.e. Agarrate Catalina, Falta y Resto, etc.) producen trabajos discográficos, que presentan en giras durante el resto del año, además de sumarse a otros proyectos musicales.

La murga también se da en Buenos Aires, aunque como un género completamente distinto, con vigencia durante los Carnavales porteños.

En toda el área platense, pero sobre todo en Buenos Aires, se desarrollaron una serie de danzas durante el periodo colonial/virreinal. Algunas de ellas aún mantienen cierta vigencia, como en el caso de la gavota y el pericón. Siendo un área portuaria, todas las danzas y géneros musicales traídos por criollos e inmigrantes desde Europa entre los siglos XVI y XIX tuvieron buena aceptación e influencia. Un caso claro es el vals, que ganó popularidad como "valsecito criollo".
A finales del siglo XIX, un género musical local, la milonga pampeana, dio lugar a la milonga urbana, y a través de ciertas fusiones y cambios, al tango. De la historia de éste último, su origen y evolución y sus numerosas figuras, ha dado cuenta una extensa literatura. Baste señalar que lo que comenzó como música de "arrabal" (barrios bajos), de prostíbulos, delincuencia y "lunfardo" (jerga hablada en Buenos Aires), terminó siendo el género preferido de las clases urbanas pudientes, aunque no dejó de cultivarse en los barrios, especialmente por parte de pequeñas "orquestas típicas". La influencia de las corrientes migratorias europeas llegadas a Argentina a principios del siglo XX se hizo notoria en los arreglos musicales y la inclusión de nuevos instrumentos, mientras que las letras mantuvieron determinado tipo de temáticas y un lenguaje que oscilaba entre lo poético y lo callejero.

Con el paso del tiempo se pulieron tanto la calidad de las letras –cuyo punto culminante fue, quizás, la poesía filosófica de Enrique Santos Discépolo– como los arreglos musicales (con grandes músicos y compositores, desde D'Arienzo a Troilo). Los mejores cantantes se convirtieron en ídolos populares y las orquestas más famosas convocaban multitudes. Hacia mediados del siglo pasado comenzó un movimiento de regeneración del tango liderado, entre otros, por Astor Piazzolla, que buscó fusiones y nuevas sonoridades, y que acabó generando un nuevo estilo, hoy por hoy ampliamente aceptado. En la actualidad el tango vive un renacimiento de la mano de jóvenes músicos y nuevas "milongas" (espacios de baile) suburbanas, y se ha convertido en una especie de "tarjeta de presentación sonora" para la ciudad de Buenos Aires.

 

Sobre el artículo

Texto: Edgardo Civallero.

Ilustración: La Boca, Buenos Aires (Argentina). Wikimedia.org.

Información tomada de la tercera unidad del curso digital "Introducción a la música tradicional de América del Sur", de Edgardo Civallero, accesible en línea.

 


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jueves, 19 de mayo de 2016

Introducción a la música tradicional de América del Sur

Introducción a la música tradicional de América del Sur

Unidad 2 (c). Chile y la pampa


 

La zona central de Chile


Dominada por la sempiterna presencia de la cordillera de los Andes, con cumbres como las del Tupungato, el Aconcagua y el Juncal, la zona central chilena (también llamada "valle central") abarca aproximadamente desde el río Aconcagua por el norte al Bío-Bío por el sur (regiones de Valparaíso, O'Higgins, Maule y Metropolitana).

El clima mediterráneo de la región hace que el paisaje sea variado, con abundancia de bosques secos, bosque caducifolio (sobre todo de hayas australes) y matorral. En las fértiles llanuras se desarrollan excelentes (y célebres) viñas, entre otros muchos productos agrícolas y hortícolas. La región incluye la capital del país, Santiago de Chile, así como otras ciudades importantes (Viña del Mar, Valparaíso). Estuvo en manos de los Mapuche hasta que fue conquistada por los españoles, que fijaron el cauce del Bío-Bío como frontera natural y aprovecharon las bondades del clima y el suelo de la región para sus cultivos.

En esta zona puede encontrarse un buen número de expresiones musicales únicas, que aglutinan lo ibérico-criollo con lo mestizo-indígena. Quizás uno de los rasgos más interesantes, a nivel rural, sea la cultura del huaso (trabajador campesino de las haciendas agro-ganaderas), sobre todo su habla, su tradición oral y su vestimenta.

Desde el punto de vista musical, la zona central es, sobre todo, el área de la cueca, el ritmo y baile nacional chileno por excelencia. Las investigaciones indican que la cueca derivaría de la antigua zamacueca, género mestizo nacido en Perú en tiempos de la Colonia, del cual también procederían la marinera peruana y la zamba argentina actuales. La cueca posee numerosísimas variantes, incluyendo las distintas cuecas y cuequitas de Bolivia y la cueca nortina chilena (todas ellas, con un fuerte sabor andino), la cueca chilota (Chiloé) y las distintas cuecas de Argentina.

La cueca interpretada en el área central de Chile (y extendida a la zona sur, la "región de influencia Mapuche") suele ejecutarse, tradicionalmente, con guitarras, arpas y/o acordeones, junto al acompañamiento de idiófonos como el tormento (pequeña mesa provista de sonajas), la cacharaina o quijada, el charrango (especie de "arco musical" con cuerdas de alambre) y la pandereta. Evidentemente, a esta formación pueden sumarse numerosos instrumentos cultos y populares.

Esta cueca "central" tiene, a su vez, numerosas variantes regionales. A grandes rasgos se distinguen, por un lado, la "cueca brava" o "chilenera" y la "cueca porteña", versiones urbanas y modernas del género, generalmente muy vivas (rozando en lo desenfrenado) y ciertamente picarescas; muchas de ellas solían y suelen hacer referencia a las chinganas y a los bajos fondos citadinos (algo similar a lo que ocurre con muchos viejos tangos platenses). Por el otro se encuentran la "cueca campesina" y la "cueca criolla", rurales y galanas, aunque no exentas de picardía, y con estructuras tradicionales que delatan su antigüedad.

La danza (declarada "baile nacional de Chile" en 1979) es de pareja suelta, de cortejo y galanteo, muy vivaz y con un uso característico del pañuelo. Incluye figuras como vueltas, medias vueltas, zapateos y floreos. Dentro del amplio espectro de cuecas sudamericanas, la chilena es una de las que se bailan de manera más veloz y "saltada". La indumentaria "tradicional" para la danza es la típica de los huasos chilenos: chaquetas, pantalones, botas y sombrero para el hombre, y coloridas blusas y polleras (faldas largas) para las mujeres.

Junto a la cueca, en el área central de Chile también aparecen la tonada, el corrido y la valse, y se encuentran rezagos de viejas danzas (algunas de origen colonial) hoy en retroceso, como la refalosa, la sajuriana, el sombrerito, el chapelito, la mazamorra, el cuando y el cielito, entre otras. Tanto en los espacios rurales como en los urbanos –aunque con mayor preponderancia en los primeros, sobre todo en celebraciones como los rodeos o los mingacos–, las mujeres solían y suelen jugar un papel muy importante en el canto y la interpretación de todos estos géneros musicales, considerados "breves". Tradicionalmente, y a diferencia de las "cantoras", los "cantores" se dedican a géneros más extensos (p.ej. el "canto a lo poeta").

Una de las particularidades musicales/culturales de la zona central es la construcción y ejecución de silbatos de madera similares a las pifilkas de los Mapuche. Esos "pitos" (que, con un mayor tamaño, también se encuentran en el Norte Chico chileno, en donde se los llama "flautas de chinos") son interpretados por hermandades en algunas fiestas religiosas locales.

Otra particularidad es el empleo, en esta zona central (y en la zona sur), del rabel, instrumento de cuerda frotada con un número variable de cuerdas, utilizado como solista para acompañar determinados cantos. Su tradición, muy fuerte a finales del siglo XIX y principios del siglo XX, ha menguado un tanto en la actualidad, aunque por suerte no se ha perdido del todo.

Un último inciso en esta lista de particularidades lo constituye la supervivencia, en esta región, de la vieja tradición musical-literaria chilena del "canto a lo poeta" acompañado con guitarrón y guitarra traspuesta y, a veces, con el rabel.

El "canto a lo poeta" es una forma muy antigua de poesía popular que mantiene plena vigencia. Su repertorio reúne un lado profano, el "canto a lo humano", y uno religioso, el "canto a lo divino". El primero puede asumir la forma de "versos por historia" (recogiendo temáticas del antiguo romancero castellano, historia reciente, astronomía, acontecimientos sociales y políticos recientes, homenajes, parabienes a los novios, versos amorosos, etc.) o de canto repentista, el cual tiene su máxima expresión en la "paya", contrapunto o duelo entre cantores ("payadores"). El segundo incluye "versos por historia" con elementos de la doctrina cristiana (la creación del mundo, el nacimiento de Cristo, la vida de la Virgen y los santos, y otros temas de inspiración bíblica) y otros cantos de corte espiritual.

Los cantores emplean varias estructuras poéticas, aunque las más comunes son la cuarteta y la décima espinela (cuatro estrofas octosílabas de diez versos cada una). Las letras del "canto a lo poeta" se colocan sobre melodías denominadas "entonaciones". Existe una amplia colección de ellas, que varían de región en región y de músico en músico. La estructura armónica y rítmica con la que se acompañan esas melodías al guitarrón se denomina "toquío".

El guitarrón chileno es un cordófono de 25 cuerdas, similar a una guitarra en la forma, aunque con un clavijero mucho más largo, un mango más ancho (tradicionalmente dotado de 8 trastes de tripa, móviles, aunque hoy la entrastadura sea metálica y estándar), y caja más pequeña y alta. El puente posee dos extensiones característica, llamadas "puñales". Las cuerdas se dividen en 21 cuerdas repartidas en 5 órdenes de entre 3 y 6 cuerdas, metálicas ("alambres") o entorchadas. A ellas se suman 4 "diablitos" o tiples, cuerdas agudas dispuestas fuera del mástil, sujetas a clavijeros auxiliares.


La región pampeana


La pampa (un término quechua para "llanura") es, precisamente, una llanura ocupada por salares, arenales y extensos pastizales, y atravesada por ríos que, aquí y allá, se embalsan debido a lo plano del terreno y forman lagunas y bañados. Ocupa las provincias argentinas de La Pampa y Buenos Aires, y el sur de las de San Luis, Córdoba y Santa Fe, en un paisaje interrumpido ocasionalmente por sierras y en donde destacan las siluetas de los dos árboles locales por excelencia: el caldén y el ombú.

Este territorio estuvo poblado por numerosos pueblos indígenas (desde los Querandí a los Het), que sufrieron una progresiva "araucanización" (influencia de los Mapuche o "araucanos" de Chile) durante el siglo XVIII. Fue luego escenario de sangrientas batallas y de la tristemente célebre "Conquista del Desierto", una campaña militar del gobierno argentino de fines del siglo XIX que aniquiló buena parte de las comunidades indígenas y convirtió a la pampa en un área de cría extensiva de ganado primero, y más tarde en tierras agrícolas en las cuales se asentaron numerosas colonias de inmigrantes.

Terruño del gaucho (peón de estancia agro-ganadera, que está presente, bajo distintas denominaciones, en todo el Cono Sur) y de su particular cultura, la región pampeana se caracteriza por poseer un repertorio musical en donde predomina el uso de la guitarra y, en ciertos casos, el de algunos cordófonos auxiliares, como el requinto y el tiple. Los géneros musicales son de marcado origen ibérico-criollo, con un acento muy importante en el romancero español.

La milonga es uno de los más importantes, sobre todo para acompañar la expresión poético-musical conocida como payada (en la que también se emplean otros géneros, como el estilo y la cifra). La payada es una expresión del romancero en la que se relatan historias siguiendo un patrón determinado y, por lo general, improvisando, y que permite además la realización de contrapuntos o "duelos" entre payadores. Se convirtió en un género literario cuando fue inmortalizada en obras tan célebres como el "Martín Fierro" de José Hernández o el "Santos Vega" de Rafael Obligado.

El malambo es, probablemente, el género dancístico más conocido de la región pampeana; en sus dos variantes (norteño, más vivo, y sureño, más pausado), se trata de un baile masculino de zapateo y demostración de destreza y hombría, que solía despertar pasiones, competencias, rivalidades y fuertes apuestas.

Tras estas dos expresiones se ubican una multitud de danzas (y formas musicales) derivadas de los antiguos bailes de salón coloniales, o adaptadas de danzas populares más antiguas: desde el cielito, el pericón y el cuando a la condición, la media caña y la firmeza.

Con la llegada de los inmigrantes europeos, desde finales del siglo XIX, se sumaron otros ritmos, como la polka, la ranchera, el vals o el chotis. El género "canción" tiene mucha fuerza, y el llamado "canto surero", el interpretado en la pampa sur, tuvo una fuerte influencia sobre el vecino "canto patagónico".

Estilos similares de payada y música criolla (milonga oriental, cielito, pericón, media caña) se dan en la campiña uruguaya.

 

Sobre el artículo

Texto: Edgardo Civallero.

Ilustración: Pampa argentina. Fuente no registrada.

Información tomada de la segunda unidad del curso digital "Introducción a la música tradicional de América del Sur", de Edgardo Civallero, accesible en línea.

 


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jueves, 12 de mayo de 2016

Introducción a la música tradicional de América del Sur

Introducción a la música tradicional de América del Sur

Unidad 2 (b). Mapuche


 

El área Mapuche


Los Mapuche (en mapudungu, "gente de la tierra") son una de las sociedades originarias más importantes del Cono Sur americano, tanto por su larga historia (una de férreas resistencias en defensa de su tierra y de su identidad) como por la innegable influencia que su cultura y su lengua han tenido sobre las culturas regionales actuales.

El área actualmente ocupada por el pueblo Mapuche incluye territorios en el sur de Chile y de Argentina. En el lado chileno, se ubican aproximadamente desde el río Bío-Bío hasta el archipiélago de Chiloé (que no queda incluido), en las regiones de Bío-Bío, Araucanía, Los Ríos y Los Lagos (la llamada "zona sur"). En el lado argentino, se extienden desde el sur de las provincias de Buenos Aires, La Pampa y Neuquén hasta la provincia de Chubut. Al mismo tiempo, se cuentan numerosas comunidades urbanas tanto en Buenos Aires y Santiago de Chile como en otras grandes ciudades. En el ámbito rural –en donde son más numerosos– los Mapuche desarrollan tareas en rubros como agricultura, ganadería y silvicultura, así como en la pequeña industria local.

La historia de los Mapuche es la de una eterna lucha. A lo largo de los últimos siete siglos batallaron contra las sucesivas oleadas de ocupación: incaica primero, luego española, y chilena después. Durante el siglo XVIII extendieron su área de influencia a la vecina región pampeana argentina, fundiéndose con los grupos indígenas locales o aniquilándolos, y desde allí hacia el sur, ocuparon la mitad norte de la Patagonia argentina e influyeron en el resto.

El territorio Mapuche en Chile se divide entre varios sub-grupos, que deben sus nombres a su hábitat: Nagche, Nguluche, Wenteche, Lafkenche, Pewenche, Williche, etc. Esos hábitats incluyen desde pinares y pehuenales cordilleranos (hoy en franco retroceso) hasta campiñas, lagos y bosques caducifolios, y una nada desdeñable porción de costa e islas. Buena parte de la flora y la fauna local mantiene sus nombres en mapudungu, la "lengua de la tierra", algo que también ocurre con los principales accidentes geográficos.

El pueblo Mapuche posee una serie de cantos e interpretaciones musicales que pueden clasificarse, grosso modo, en dos categorías: los tayül o "tahiel" (interpretados en contextos que podrían considerarse "religiosos") y los ülkantun (interpretados en celebraciones cotidianas de carácter "profano"). Los últimos se ocupan de distintas temáticas, e incluyen instrumentos de ejecución personal e íntima, como el trompe (arpa de boca, empleada para canciones de amor), el pinkulwe (una flauta de pico) o el kunkulkawe (un arco musical doble), mientras que en los primeros se utiliza todo un arsenal de instrumentos, entre los que podemos mencionar el kultrún o kultrung (característico timbal Mapuche) y el kakekultrún (tambor de doble parche), la trutruka o xuxuka (larga trompeta natural), el ñolkiñ (pequeña trompeta natural que no se sopla, sino que se hace sonar con una violenta aspiración del aire), la pifilka (silbato de madera o caña) y el piloilo (silbato múltiple/flauta de Pan).

La música religiosa se emplea sobre todo en las rogativas a Ngenechen (el creador), llamadas ngillatun ("guillatún") o kamarikun ("camaruco"), y en otras ceremonias, como la machitun. En el ngillatun se escenifican varias formas de danza (pürrün), que suelen imitar el movimiento de determinados animales. A ello se suma el longkomew ("loncomeo"), un baile muy característico cuyo ritmo ha sido adaptado a la música criolla argentina.

Los sonidos Mapuche comenzaron a difundirse a través de medios masivos (radio, LPs, casetes) a partir de 1950. A lo largo de las cuatro décadas siguientes, numerosas figuras artísticas a ambos lados de los Andes se ocuparon de recolectar y enseñar al público, con mayor o menor respeto por las fuentes originales, las tradiciones musicales "araucanas". Cabe destacar, entre muchos otros nombres, los de Aimé Painé, Sofía Painaqueo y el conjunto Aflaiai, José Railef Calfin, Caupolican Huenulaf, Lautaro Manquilef, el dúo Nolmen, Cecil González y Juan Ñanculef. Tanto en Argentina como en Chile, la llegada de la llamada "Nueva Canción" (mediados de los 60' y principios de los 70') haría que muchos músicos y conjuntos incorporaran sonidos Mapuche a sus repertorios (p.e. Inti-Illimani, Illapu o Quilapayún).

En la actualidad existen varias iniciativas artísticas que pretenden divulgar la música Mapuche, aunque en buena parte de los casos, esa música es adaptada al gusto de la "audiencia mayoritaria". Entre tales propuestas se cuentan las de Nancy San Martín y su grupo; Karen Wenul; Fabio Inalef, Rayén, María Lara Millapán y Carlos Carrilaf; el grupo Araucanto de Temuco; Luisa Calcumil, Beatriz Pichi Malén, Elena Catripán, Elisa Avendaño y Antu Liwen... Así mismo, son numerosos los conjuntos criollos y neo-folklóricos que continúan incorporando letras, instrumentos o supuestos "ritmos" y "estilos musicales" Mapuche a sus repertorios. Por otra parte, existen muchísimos cultores Mapuche de su tradición más antigua, como el ülkantufe (cantor) Joel Maripil, la cantautora Estela Astorga o el músico y constructor de instrumentos Armando Marileo (Chile), y grupos de jóvenes Mapuche que incorporan sus sonidos tradicionales a la canción-protesta, el rock y el rap (p.ej. Wekecheke ñi Trawün).

 

Sobre el artículo

Texto: Edgardo Civallero.

Ilustración: Kultrún. Fuente no registrada.

Información tomada de la segunda unidad del curso digital "Introducción a la música tradicional de América del Sur", de Edgardo Civallero, accesible en línea.

 


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jueves, 5 de mayo de 2016

Introducción a la música tradicional de América del Sur

Introducción a la música tradicional de América del Sur

Unidad 2 (a). Patagonia y Chiloé


 

De pampas, valles, patagonias e islas

Con la presente unidad se inicia una aproximación a la música del Cono Sur sudamericano, el área más meridional del continente, que incluye los actuales territorios de Chile, Argentina Uruguay y Paraguay. El sur de Brasil (estados de Paraná, Santa Catarina y Río Grande del Sur) también forma parte de esta región, pero su exploración se deja para una unidad posterior, que abarcará todo el país.

El Cono Sur es una división geográfica con caracteres históricos y culturales comunes que incluye, a su vez, varias "sub-regiones" posibles. A efectos de estudio se han definido las siguientes: la Patagonia argentino-chilena y el archipiélago de Chiloé; el área de influencia Mapuche en Argentina y Chile; el valle central de Chile; la región pampeana argentina; el área platense (cuenca del Río de la Plata) argentino-uruguaya; el litoral uruguayo-argentino y el Chaco argentino-paraguayo; la región cuyana y la región central argentina; el noroeste argentino; y el Norte Chico y el Norte Grande chileno. En esta segunda unidad analizaremos las cuatro primeras sub-regiones, que abarca grosso modo desde los 35º de latitud sur hasta el extremo meridional del continente.

 

La Patagonia

"Patagonia" es un término derivado de "patagones", nombre con el que fueron designados los pobladores originarios de la región (probablemente Aónikenk) por parte de Antonio Pigafetta, el cronista de la expedición de Fernando de Magallanes, cuando él y sus compañeros contactaron con ellos en 1520. Geográficamente, la Patagonia argentina se extiende desde los ríos Barrancas y Colorado al norte hasta el Cabo de Hornos al sur, mientras que la chilena abarca desde el seno de Reloncaví hasta el Cabo de Hornos, sin incluir el archipiélago de Chiloé. La Patagonia incluye la Isla Grande de Tierra del Fuego, que se reparte entre ambos países y está separada del territorio continental por el Estrecho de Magallanes.

El lado argentino es, básicamente, una extensa estepa barrida por los vientos que bajan desde la cordillera andina o que entran desde el océano Atlántico. Los Andes, a esas latitudes, ya son una cadena de montañas relativamente bajas, que albergan los últimos rezagos de bosques, enormes glaciares, hermosos lagos (algunos de ellos, parte del territorio protegido en Reservas y Parques Nacionales) y varios picos interesantes (p.ej. el Fitz Roy o Chaltén). En el lado chileno, la cordillera se desploma al mar formando una intrincada y fascinante red de fiordos e islotes. Tierra del Fuego, por su parte, mantiene una estructura similar, aunque a escala insular y con cumbres más modestas.

Toda la región es, sobre todo, ganadera (ganado lanar), aunque el motor de la economía viene movido por las grandes reservas de hidrocarburos ubicadas en el subsuelo.

Tierra del Fuego estuvo poblada por los pueblos Selk'nam ("onas"), en el interior de la isla, y Qawésqar ("alacalufes") y Yágan ("yámanas"), en las costas, fiordos e islas cercanas. En el continente, el territorio patagónico argentino estuvo habitado por pueblos conocidos genéricamente como "tehuelches" (los antiguos "patagones"), cuya organización aún no se ha aclarado del todo, pero que incluían al menos a los Aónikenk ("tehuelches del sur") y a los Gününa-küna ("tehuelches del norte"). El lado chileno estuvo poblado por las sociedades fueguinas anteriormente citadas. En la actualidad, y tras campañas de exterminio que solo pueden calificarse como "genocidio", solo quedan, de todos ellos, un reducido número de descendientes, en ocasiones muy mestizados.

La música de los pueblos originarios fueguinos ha quedado recogida, de forma muy fragmentaria, en un puñado de cilindros de cera y en algunas tempranas grabaciones etnográficas. En el caso de los Selk'nam, sin embargo, existe un notable testimonio documental producido por la antropóloga Anne Chapman, que recoge los cantos de la última xo'on (chamán), Lola Kiepja. Los cronistas y misioneros que vivieron y trabajaron en Tierra del Fuego no indicaron la presencia de instrumentos musicales, como no fuera algunos idiófonos elaborados con lo que se tuviera más a mano (conchas de caracol, palos, etc.). Se entonaban cantos corales comunitarios, además de los ya mencionados cantos chamánicos.

En la Patagonia argentina existieron algunos instrumentos musicales, conservados hasta tiempos relativamente recientes entre los Aónikenk, sobre todo los de la comunidad de Camusu Aiké. Se contaron el arco musical frotado ko'olo, el tambor ápel, el sonajero chelper, la quijada tarrum y la flauta rambo. El único ritmo musical Aónikenk del que ha quedado noticia es el kaani. En la actualidad, los "tehuelches del sur", como les ocurriera a los "tehuelches del norte" (aunque en menor medida que aquellos), han sufrido un proceso de "araucanización" (influencia Mapuche), lo cual afecta no solo a sus costumbres y su música, sino también al resto de su cultura y su lengua. A pesar de ello, se ha rescatado y preservado el idioma originario y, sobre todo, la rica mitología del pueblo Aónikenk, que explica muchos detalles de la geografía y la cosmogonía nativa, incluyendo historias sobre el Chaltén, el cerro sagrado.

Entre los criollos actuales (mestizos y descendientes puros de inmigrantes europeos) se ha desarrollado la llamada "canción patagónica", que saltó a los escenarios (sobre todo en Argentina) en la década de los 50' del siglo pasado, principalmente de la mano de intérpretes como Héctor Giménez Agüero, Marcelo Berbel y Los Hermanos Berbel. De ella forman parte p.e. canciones (sureñas), polkas y retumbos sureros, así como géneros "inventados" como cordilleranas, corrilleras, kaanis (adaptación del ritmo Aónikenk homónimo) y loncomeos (adaptación del ritmo Mapuche de longkomew).

En la Patagonia argentina se encuentra una importante colonia de inmigrantes galeses (Trelew, provincia de Chubut) que mantienen la música de sus ancestros. Asimismo, buena parte del territorio ha adquirido elementos de la música pampeana.

 

El archipiélago de Chiloé

El archipiélago de Chiloé es un conjunto de islas perteneciente a Chile, situado al sur del país. Está compuesto por la Isla Grande de Chiloé y numerosos islotes, y está separado de tierra firme por el canal de Chacao. La Isla Grande está cubierta por selva valdiviana (monte de hoja perenne de arrayanes, robles, quilas y pangues) y bosques de alerces.

Puede decirse de Chiloé que es un mundo aparte, con un extenso bagaje cultural propio, fruto de la unión de la cultura (sobre todo musical y poética) ibérica e inmigrante con las tradiciones indígenas locales (una mezcla de grupos Huiliche/Williche y Chono). La arquitectura local (sobre todo las iglesias de madera), el tejido, la cestería y la gastronomía se han convertido en verdaderos atractivos turísticos por sus particularidades.

En términos musicales, en Chiloé se encuentran elementos sonoros y rítmicos muy notables. Entre ellos se destacan géneros, estilos y danzas locales como la sirilla, la refalosa, la pericona, la trastasera, la nave, el costillar, el pavo, el cielito, el rin y la cueca chilota. Pocos son puramente autóctonos: la nave es de procedencia hispana y la sirilla o segrilla, una adaptación de la seguidilla ibérica; el rin deriva de la cuadrilla y la contradanza inglesas, mientras que la trastasera, el cielito y la refalosa tienen antecedentes en Argentina y la pericona los encuentra en el pericón del área platense. Sin embargo, el aislado y conservador mundo isleño ha preservado versiones bastante puras de formas musicales y coreográficas muy antiguas. Asimismo, mantiene vigentes numerosas creencias, leyendas, costumbres, formas de hablar e historias, muchas de ellas reflejadas en las letras de sus canciones.

El folklore chilote ha sido objeto de numerosas investigaciones por parte de músicos populares y musicólogos chilenos, sobre todo a partir de la década de los 50' del siglo pasado; su música ha sido recopilada y difundida, entre otros, por personajes como Violeta Parra, Víctor Jara, Héctor Pávez, Rolando Alarcón y Gabriela Pizarro, y por grupos de la talla de Millaray, Chamal, Bordemar o Chilihué, además de otras formaciones adscriptas a la Nueva Canción. En líneas generales, las interpretaciones de estos grupos son muy estilizadas y arregladas, a veces de proyección. Afortunadamente, la auténtica música chilota sigue estando viva en la boca y en las manos de sus cantores y cultores.

 

Sobre el artículo

Texto: Edgardo Civallero.

Ilustración: Patagonia. Fuente no registrada.

Información tomada de la segunda unidad del curso digital "Introducción a la música tradicional de América del Sur", de Edgardo Civallero, accesible en línea.

 


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