Un recorrido guiado a través de los sonidos de América Latina, sus instrumentos y sus intérpretes. Por Edgardo Civallero.

jueves, 30 de junio de 2016

Introducción a la música tradicional de América del Sur

Introducción a la música tradicional de América del Sur

Unidad 4 (a). Bolivia: El sur y el oriente


 

El sur y el este del actual territorio boliviano están ocupados por las "tierras bajas": una serie ininterrumpida de llanos que descienden desde las vertientes orientales de la cordillera de los Andes y se adentran en los bosques húmedos del Chaco y la Amazonia. Se trata de una región de clima tropical, muy fértil, y atravesada por numerosos ríos que alimentan las cuencas del Paraguay y el Río de la Plata. De ella forman parte los departamentos de Tarija (Chaco), Beni, Santa Cruz y Pando (área conocida como "Grigotá", parcialmente ocupada por la Amazonia boliviana), y zonas bajas de los departamentos de La Paz (Yungas) y Cochabamba (Chapare).

Allí viven una treintena de sociedades indígenas, incluyendo a los Guarayo, Pauserna, Sirionó, Ava-Guaraní ("chiriguano" o "izoceño"), Weenhayek ("mataco"), Nivaklé ("chulupí"), Qom, Tsimane, Araona, Maropa, Chácobo, Caripuna, Sinabo, Capuibo, Baure, Mojo o Mojeño, Chané, Movima, Moré, Chapacura, Caniciana, Yuracare, Chiquito o Chiquitano, Bororo y Ayoreo. Si bien aún no ha sido estudiada con la profundidad que merece, la cultura sonora de estos pueblos es de una tremenda riqueza, como sugieren las investigaciones sobre ciertos aspectos de la música de grupos como los Mojeño y los Chiquitano.

En el departamento de Tarija, ubicado al sur del país, la cultura tarijeña (o "chapaca") es muy distinta de la cultura "colla" de las tierras altas del occidente, de raíz Aymara y Quechua (y tomada erróneamente, a veces, como la cultura boliviana "estándar") e incluso de la cultura "camba" de las tierras bajas del oriente. Guarda numerosos e innegables vínculos con las tradiciones del Cono Sur, compartiendo muchísimos rasgos con el noroeste de la vecina Argentina y con el Chaco argentino-paraguayo. Y tiene un fuerte componente ibérico (andaluz), además de influencias indígenas (sobre todo Guaraní).

Una parte importante de la cultura tradicional "chapaca" radica en sus instrumentos musicales, sus coplas, sus danzas, su vestimenta típica, sus devociones (p.ej. a la Virgen de Chaguaya) y, sobre todo, sus festividades. Entre ellas se cuentan la fiesta de San Roque, la de Santiago, la de San Lorenzo, la de Santa Anita (similar a la renombrada Feria de las Alasitas de las tierras altas bolivianas) y, por supuesto, los Carnavales.

Dentro de la celebración de las Carnestolendas destacan, por su popularidad, los encuentros entre compadres ("cumpas") y comadres ("cumas"), muy similares a los que tienen lugar en el noroeste de Argentina. La petición para establecer una relación de "compadrazgo" se realiza el "día de los compadres", en febrero, y va acompañada de una canasta que contiene banderas, confites, serpentinas, una torta y fruta de la estación. Durante los encuentros, compadres y comadres intercambian las famosas coplas "chapacas" de Carnaval, de letras humorísticas y picantes, y cantadas en contrapuntos.

Los géneros musicales más populares en Tarija son la chacarera, la cueca (cuequita chapaca), el chamamé, el bailecito, la tonada, la copla (vidala), la zamba, el gato, el escondido y el malambo. Todos ellos, muy parecidos –sino idénticos– en estructura a los argentinos, tienen no obstante un "color" regional propio. Existen, asimismo, expresiones artísticas locales únicas: es el caso de las "ruedas chapacas" y sus coplas y tonadas, y la de los engalanados bailarines chunchos, que aparecen en las procesiones religiosas (sobre todo en la célebre y muy popular fiesta de San Roque).

Los instrumentos usados en tierras tarijeñas son, sobre todo, la guitarra, el violín y el bombo. En las celebraciones sacras se utilizan la caña tarijeña (larga trompeta natural, con pabellón de cuero moldeado), el erque (un clarinete idioglótico hecho de un enorme pabellón de cuerno o calabaza y un breve cuerpo de caña dotado de una lengüeta simple), la kamacheña o flautilla de Pascua, y la caja o "cajita chapaca" (tambor de doble parche). Todos ellos se interpretan siguiendo un calendario bien determinado: en la época de lluvias (verano) se ejecutan el erque y la caja, se bailan las "ruedas del erque" y se cantan coplas y tonadas propias de ese periodo y esa música. En Semana Santa es el turno del violín y de su correspondiente "rueda" y sus coplas. Y en la época seca (otoño e invierno) suenan la caña, la kamacheña y la caja. Tras estas limitaciones se esconden antiguos tabúes que señalan que las voces de ciertos instrumentos convocan determinados fenómenos meteorológicos; ninguna sociedad con un pasado agrícola permitirá, por ejemplo, que una trompeta convoque heladas o granizos en pleno tiempo de cosecha.

En el oriente boliviano, área de sabana y selva, los géneros musicales más apreciados y cultivados son el taquirari, la chovena, la cumbia y la polca. Las orquestas rurales tradicionales de la región consisten en una flauta vertical o, más comúnmente, una traversa (pífano o sibibire), un bombo y un tambor. A ellos se pueden agregar dos sonajas o caracachás (maracas) y unos platillos. En las ciudades, los conjuntos instrumentales incluyen sobre todo guitarras y/o mandolinas. En ambos espacios, campesinos y citadinos, están presentes los conjuntos de violines acompañados de bombo y tambor.

El taquirari es el género más emblemático de la región; su difusión ha alcanzado las tierras altas bolivianas, en donde se lo interpreta con instrumentos puramente andinos (charangos, zampoñas, quenas). Al parecer sería el derivado criollo y mestizo de un ritmo del pueblo Mojeño, el takiríkire, "danza o canto en honor a la flecha", y se habría desarrollado hacia el siglo XIX en el área de Trinidad.

La chovena, por su parte, es un ritmo que generalmente se ejecuta con un pífano de caña tacuara y percusión, o con violín, acordeón y guitarra.

La antigua música de las sociedades de la selva está muy bien representada por la de los Moré, rescatada a través de crónicas y objetos de museo: solían ejecutar un arsenal de distintos instrumentos, incluyendo numerosos idiófonos, trompetas de caña, "clarinetes", flautas traversas y flautas de Pan, y un arco de boca llamado mapuip. Por el contrario, hubo grupos como los Sirionó y los Tsimane que no dispusieron ni disponen de demasiados instrumentos musicales, aunque sí cuentan con un amplio repertorio de cantos.

Quizás uno de los pueblos indígenas de las tierras bajas cuya música es mejor conocida en Bolivia sea el Mojo, Moxo, Mojeño o Moxeño, del departamento del Beni. Este grupo recibió una fuerte influencia jesuítica, a través de las misiones levantadas en su territorio y que funcionaron entre 1675 y 1773. Las tradiciones nativas se fundieron con las ibéricas: claro ejemplo es la Danza de los Macheteros, interpretación local de la resurrección de Jesucristo y su ascenso a los cielos, y en la que participan bailarines que utilizan hermosos tocados de plumas y tobilleras de cascabeles, y que portan machetes de madera en las manos. Otras danzas son la de los Angelitos, la del Barco, la Marcha de los Reyes, la de los Toritos, la de los Achus ("viejos"), la de las Mascaritas y la bellísima Danza de Sol y Luna. En la localidad de Trinidad, los bailes se acompañan con flautas de hueso (yópeque) y cuatro tambores: una caja, una cajita mayor, una cajita menor y un zancuti. En San Ignacio, por su parte, las melodías se interpretan con una flauta traversa (sibibire o sivivire) acompañada por los "compases" o instrumentos de percusión (caja o bombo, y zancuti y tampura o tambores); la flauta puede ser sustituida por un par de flautas de Pan (jerure) y silbatos (cheyu'i).

La localidad de San Ignacio es famosa porque allí sobrevive música eclesiástica de corte barroco jesuítico: el llamado "coro de la capilla". El canto coral se acompaña de violines, flautas traversas, clarinete, tambores y bajones (varias trompetas naturales elaboradas con hojas de palma enrolladas, ordenadas como flautas de Pan, y cuyo sonido imita el de la notas más graves del órgano). Las piezas de música barroca de las Misiones del oriente boliviano (Chiquitanía y Moxos) han sido reconocidas a nivel internacional, y en la actualidad siguen siendo interpretadas tanto en determinadas fiestas como en otros contextos (p.ej. por el Ensamble Moxos de San Ignacio, compuesto por jóvenes músicos Mojeño).

Para la fiesta patronal de San Ignacio, la "Ichapekene Piesta" ("Fiesta Mayor", proclamada "Patrimonio de la Humanidad" por la UNESCO), todas las expresiones culturales, coreográficas y musicales de los Mojeño salen a la calle. De esa forma danzan los Macheteros con sus tocados de plumas, recorren el pueblo los traviesos Achus, y suenan los bajones, los pífanos y los violines recreando músicas barrocas, en un espectáculo único de color y sonido.

La música del departamento de Santa Cruz (música cruceña) está basada en el uso de la guitarra, con participación del violín, el acordeón, el arpa y el bombo. Los géneros musicales más difundidos son el carnaval cruceño (también llamado "polca carnaval"), la chovena, el taquirari, el valsecito, las coplas y las chacareras. Todos ellos tienen coloridas danzas asociadas, y características propias que los diferencian de géneros similares en Tarija o Argentina.

 

Sobre el artículo

Texto: Edgardo Civallero.

Ilustración: Río Yacuma (Beni, Bolivia). Wikimedia.org.

Información tomada de la cuarta unidad del curso digital "Introducción a la música tradicional de América del Sur", de Edgardo Civallero, accesible en línea.

 


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jueves, 23 de junio de 2016

Introducción a la música tradicional de América del Sur

Introducción a la música tradicional de América del Sur

Unidad 3 (e). Norte Grande y Norte Chico de Chile


 

El Norte Grande chileno (el extremo septentrional del país; regiones de Arica y Parinacota, Tarapacá, Antofagasta y la mitad norte de Atacama) se caracteriza por su clima desértico. En él se halla el desierto de Atacama, el más árido del mundo, así como numerosos y extensos salares (Atacama, Pocitos, Pastos Grandes, Arizaro, Hombre Muerto). En el área cordillerana destaca la presencia de imponentes nevados y volcanes (como el Llullaillaco, el Incahuasi, el Antofalla, el Socompa, el Licancabur, el Zapaleri) y de lagunas alcalinas de fascinantes colores, muchas de ellas conservadas dentro de Parques Nacionales (Lauca, Volcán Isluga). El entorno natural incluye matorrales de icho (paja brava), tolas y yaretas, y bosquecillos de tamarugos y algarrobos, así como tropillas de vicuñas y llamas, pumas, cóndores y parinas (flamencos andinos).

Las peculiaridades de la música folklórica del Norte Grande delatan claramente la influencia de la cultura Aymara, dominante en la zona y en las regiones fronterizas (meseta del Collao, o altiplano peruano-boliviano). Allí se conjugan las tradiciones más antiguas con elementos mestizos modernos: todos los ritmos, desde los de origen prehispánico (sikuriadas, tarkeadas, huaynos) hasta los de raigambre criolla/mestiza (cuecas, trotes, cachimbos) son ejecutados tanto por tropas indígenas de aerófonos tradicionales como por grupos mixtos de instrumentos modernos. Entre las primeras se cuentan los conjuntos de lakitas (lakitas, phusas) y de sikuras (dos tipos de sikus, zampoñas o flautas de Pan andinas de doble hilera), los de lichiguayos (flautas verticales de gran tamaño, similares a quenas) y los de tarkas (flautas de pico construidas en un bloque de madera), acompañadas únicamente por membranófonos (cajas, redoblantes y bombos) e idiófonos (platillos, matracas). Los segundos incluyen cordófonos como charangos, guitarras, arpas y bandolas, y un amplio número de aerófonos: desde quenas (flautas verticales de muesca), pinkillos (flautas verticales de pico) y acordeones hasta las ubicuas “bandas de bronce” (tubas, trombones, trompetas, saxos y clarinetes).

Entre las celebraciones más importantes de la región se cuentan las de la Virgen de La Tirana (región de Tarapacá) y la Virgen de Las Peñas (región de Arica y Parinacota), en las que destaca la presencia de “bailes” (cofradías o hermandades religiosas de danzantes y músicos).

Por otro lado, en los muchos pueblos pequeños del Norte Grande se realizan diversos ritos de fertilidad con raíces indígenas (p.ej. el pachallampe, relacionado con la siembra de papas) y el marcado ("floreamiento" o "floreo") de los animales, en los cuales se ejecutan "tonos de floreo" acompañados de bandolas (cordófonos de púa, con 16 cuerdas agrupadas en 4 órdenes). Con motivo de las fiestas patronales aparecen las sikuras (grandes conjuntos de sikus interpretados en quintas paralelas, de sonido grave y ceremonial), las lakitas (grupos de sikus interpretados en octavas paralelas, que interpretan un amplio espectro de géneros: huayno/trote, takirari, cumbia, vals, cueca, diana, marcha, procesión), los lichiguayos, las tarkas y las "bandas de bronces". Finalmente, durante los Carnavales pueden escucharse "pandillas" con bandolas y guitarras, grupos de tarkas, "bandas de bronce" y orquestas locales compuestas por un dúo de quenas, charango, bandolas, guitarras, violín y acordeón.

Una de las culturas más antiguas del Norte Grande es la Atacameña, Atacama o Lickan Antay (Lican Antai). Antaño una sociedad agrícola y pastoril importante (repartida en los pocos oasis de los valles alrededor del río Loa y el desierto de Atacama), fue drásticamente reducida tras la conquista y la colonización española. Su lengua, el kunza, desapareció casi por completo, y de sus expresiones musicales originales solo quedan algunos rasgos, refugiados en un puñado de ritos ancestrales que todavía hoy se siguen practicando en la zona. Como por ejemplo el cauzúlor y el talátur, ceremonias agrícolas de “limpieza de canales” celebradas en las localidades de Caspana y Peine (cerca de San Pedro de Atacama, provincia de El Loa, región de Antofagasta). En tales ceremonias se utilizan el putú o pututu (bocina de cuerno), el clarín atacameño (larga trompeta natural de caña) y el chorimori o chorromón (un idiófono de sacudimiento, formado por cencerros piramidales cosidos a una cinta de cuero), y se interpreta el repertorio antiguo: música tritónica acompañada por un remedo de letra en lengua kunza. En esta misma zona, pero en otros contextos festivos, como pueden ser el marcado de animales, la cosecha, las fiestas de los santos patrones y los Carnavales, suelen emplearse el bombo, la guitarra, el acordeón, la caja y la flauta de tres agujeros.

El Norte Chico chileno (el sur de la región de Atacama, la de Coquimbo y el norte de la de Valparaíso, desde el río Copiapó hasta el Aconcagua) fue territorio del pueblo Diaguita, del que apenas quedó rastro tras la llegada hispana. En la actualidad, la región es la cuna de una expresión cultural única, que poco a poco ha ido extendiendo su presencia hacia el norte: los llamados “bailes chinos”. Se trata de cofradías religiosas de danzantes que, al son de bombos y, mientras bailan, soplan unas enormes “flautas” (las “flautas de chinos”). Tales aerófonos son, en realidad, silbatos de madera similares a las pifilkas de los Mapuche, que emiten una única nota, de sonido vibrante y profundo. Suelen estar presentes en las fiestas patronales, sobre todo en la Fiesta de Andacollo, el primer domingo de octubre.

 

Sobre el artículo

Texto: Edgardo Civallero.

Ilustración: Iglesia de Parinacota (Chile). Trekkingchile.com.

Información tomada de la tercera unidad del curso digital "Introducción a la música tradicional de América del Sur", de Edgardo Civallero, accesible en línea.

 


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jueves, 16 de junio de 2016

Introducción a la música tradicional de América del Sur

Introducción a la música tradicional de América del Sur

Unidad 3 (d). El noroeste argentino


 

El noroeste argentino incluye el área de pre-cordillera, cordillera andina y puna (altiplano) dentro de las provincias de Jujuy, Salta, Catamarca, La Rioja y Tucumán. Se trata de la única región del país considerada "andina". La parte más alta, al oeste, está ocupada por cordones cordilleranos (Nevados del Cachi y de Chañi, Llullaillaco, Antofalla, Pissis, Ojos del Salado, Tres Cruces) y punas (Jujuy, Lípez, Atacama) salpicadas de extensos salares y hermosas lagunas endorreicas (Pozuelos, Guayatayoc). Esos cordones descienden hacia el este, deshaciéndose en cadenas montañosas menores (la pre-cordillera) entre las que corren valles (quebradas), como el del río Grande de Jujuy (Quebrada de Humahuaca), la Quebrada del Toro o los Valles Calchaquíes.

Originalmente, el área estuvo habitada por el pueblo Atacameño, Atacama o Lickan Antay (Lican Antai) en la puna, los Omaguacas y Tilcaras en las quebradas, y la inmensa cohorte de distintos pueblos agrupados bajo el nombre genérico de "Diaguitas" (también "Calchaquíes") en el resto del territorio. El Tawantinsuyu ("Imperio Inca") influenció toda la región, especialmente el extremo norte, en donde colocó mitmaq o mitimaes (colonias de comunidades desplazadas) de la etnia Chicha.

En la actualidad, la región es un crisol habitado por los pueblos indígenas Kolla (en el que se fundieron casi todas las sociedades mencionadas arriba) y Diaguita, más la mayoritaria población mestiza argentina. La migración boliviana y, en menor medida, chilena y peruana, ha tenido mucha influencia a todos los niveles. Culturalmente, se trata de un área muy rica, que conserva buena parte de la herencia prehispánica; esto es algo que se refleja claramente en las festividades locales, la gastronomía, la música y la narrativa oral.

En la provincia de La Rioja se celebra la Chaya, fiesta prehispánica asimilada a los Carnavales; un festejo lleno de colorido y juegos de harina en el que se interpreta la chaya, género con un ritmo similar al de la cueca.

Entre Tucumán y Salta se abren los Valles Calchaquíes, en los cuales mantiene su fuerza un conjunto de cantos tritónicos, mezcla de las tradiciones musicales Diaguita y el romancero ibérico. Con el único acompañamiento de la caja (tamboril de doble parche), se entonan vidalas, vidalitas, bagualas y coplas; todas ellas se cantan en el castellano hablado localmente, y se interpretan con un particular estilo vocal, que incluye el kenko, un portamento o mordente asociado con un falsetto que eleva la voz en un grito agudo (de ahí el nombre, derivado del quechua "ondulación"). El repertorio de coplas tradicionales se extiende por el resto del noroeste argentino (provincias de La Rioja, Jujuy y áreas limítrofes de Formosa, en el Chaco, y Santiago del Estero, en el centro del país).

Las punas, montañas y quebradas de Salta y Jujuy albergan numerosas expresiones musicales. En Navidad, Pascua y Carnaval, y durante las fiestas patronales y religiosas, las "señaladas" (ceremonias de marcado ritual del ganado, sobre todo del lanar) y las "mingas" (tareas de trabajo comunal para limpiar acequias, reparar caminos, construir casas, etc.), aparecen las "bandas de sikuris". Los sikuris son los intérpretes de sikus, zampoñas o flautas de Pan andinas de doble hilera. En puntos concretos de esa zona (p.ej. en Iruya, provincia de Salta) se interpretan los saltaditos y las rondas, danzas bailadas al son de la kamacheña o flautilla (particular aerófono de la familia de las quenas, provisto de tres orificios de digitación), el erkencho (un clarinete idioglótico) y la caja. Por su parte, en la célebre la Quebrada de Humahuaca y en áreas cercanas (provincia de Jujuy) se cantan coplas, sobre todo durante los "misachicos" (procesiones religiosas), acompañadas por erkenchos, cajas, bombos y cornetas (gigantescas trompetas naturales, también llamadas erques o cañas). Además, tienen una gran aceptación las anateadas (temas interpretados por grandes conjuntos de anatas, variedades de tarkas o flautas de pico hechas de un bloque de madera, de sonido muy chillón) y las sikureadas (canciones ejecutadas por las ya mencionadas bandas de sikuris).

En todo el noroeste se tocan ritmos criollos tradicionales, como cuecas, bailecitos y zambas, interpretadas con guitarra, bandoneón, violín y bombo; guitarra, charango y dúo de quenas; o guitarra, quenas, sikus y acordeón. La provincia de Salta, en particular, ha sido cuna de grupos y músicos famosos dentro del panorama folklórico argentino, y son célebres sus zambas, sobre todo las "carperas": las que se solían tocar en las "carpas" en las que antaño se celebraba el Carnaval, y que son más veloces que las comunes.

Jujuy, por su parte, destaca por su música de corte "andino". En ese campo juegan un rol preponderante el charango (pequeño cordófono) y los dúos de quenas; junto a guitarra, violín y/o acordeón, son empleados para interpretar huaynos, kaluyos y tonadas.

 

Sobre el artículo

Texto: Edgardo Civallero.

Ilustración: Quebrada de Humahuaca, Jujuy (Argentina). Fuente no registrada.

Información tomada de la tercera unidad del curso digital "Introducción a la música tradicional de América del Sur", de Edgardo Civallero, accesible en línea.

 


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jueves, 9 de junio de 2016

Introducción a la música tradicional de América del Sur

Introducción a la música tradicional de América del Sur

Unidad 3 (c). Cuyo y la región central argentina


 

La región argentina de Cuyo –tierra de cordillera y pre-cordillera, de sierras y de viñedos– incluye las provincias de Mendoza, San Luis y San Juan, y áreas circundantes, y comparte muchos rasgos culturales con la cercana zona central chilena, que se extiende al otro lado de los Andes. El paisaje está dominado por la cadena montañosa, en donde se alzan cumbres como el Mercedario, el Tupungato o el Aconcagua, la cima más alta de las Américas (6960 mts.). Son tierras de clima mediterráneo, verdes y fértiles, en las cuales la vid es uno de sus cultivos principales (y el vino, uno de sus productos más conocidos, con una cultura propia).

Cuyo estuvo ocupada por el pueblo Huarpe, que no dejó demasiadas trazas de su presencia. Actualmente se caracteriza por las cuecas y tonadas cuyanas, así como por algunos otros ritmos locales menores, como el gato cuyano. Se trata de géneros criollos, interpretados casi siempre con guitarra, requinto y guitarrón.

En la región central argentina se ubican las provincias de Córdoba y Santiago del Estero. Se trata de un área de planicies y serranías cruzada por algunos ríos importantes, sembrada de salares y arenales y cubierta por una arboleda seca de algarrobos, quebrachos y molles. Estuvo habitada por distintos pueblos (los Comechingón, los Sanavirón, los Tonocoté, los Lule y los Vilela) que apenas ofrecieron resistencia a la conquista. Esas sociedades se vieron fuertemente influenciadas por los misioneros católicos coloniales, que los evangelizaron en lengua quechua. Hoy por hoy, Santiago del Estero es el reducto del dialecto más meridional de esa lengua, el "quichua santiagueño", y de toda una cultura "quichuista", enmarcada entre los ríos Dulce y Salado.

La región central se caracteriza por una serie de ritmos y danzas que, en la actualidad, se han convertido en elementos extremadamente populares en el imaginario popular folklórico argentino. Se trata de la chacarera (con sus variedades simple, doble y trunca), el gato y el escondido. También es tierra de zambas, bailecitos, valses y cuecas. La guitarra, el violín, el bandoneón y, sobre todo, el bombo legüero (bombo realizado en un tronco de ceiba, de cuyo sonido se dice que puede oírse a una legua), son los instrumentos emblemáticos de esta zona (a los que se suman "particularidades" como la sacha-guitarra de Atamisqui). En el área rural aún se conserva el repertorio "quichuista", es decir, chacareras y otros géneros musicales locales cantados en quechua, que reflejan el riquísimo acervo de leyendas y tradiciones de la zona (que incluye un enorme número de seres sobrenaturales).

En la ciudad de Córdoba (capital de la provincia de Córdoba), conocida como "la Docta" por su Universidad y su población estudiantil, los valses fueron parte esencial de la música tradicional, de la que también formaron parte antiguas danzas, como la jota cordobesa.

 

Sobre el artículo

Texto: Edgardo Civallero.

Ilustración: Bombo legüero. Fuente no registrada.

Información tomada de la tercera unidad del curso digital "Introducción a la música tradicional de América del Sur", de Edgardo Civallero, accesible en línea.

 


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jueves, 2 de junio de 2016

Introducción a la música tradicional de América del Sur

Introducción a la música tradicional de América del Sur

Unidad 3 (b). El litoral y el Chaco


 

Los ríos Paraná y Uruguay, que alimentan el Río de la Plata, forman un área geográfica (conocida como "litoral") que incluye regiones de Argentina (la Mesopotamia), el interior de Uruguay y el oriente de Paraguay. Se trata de una riquísima cuenca hidrográfica en medio de llanuras levemente onduladas, buena parte de las cuales han tenido un uso agropecuario, junto a lagunas, bañados, deltas y bosques húmedos que mantienen, en cierta medida, su naturaleza original. La flora y la fauna son abundantes y de una rica diversidad, incluyendo desde los grandes árboles (jacarandá, quebracho, lapacho, palo borracho, timbó, urunday) y la flora acuática (tacuaras, camalotes) hasta los peces de río (dorada, patí, pacú, surubí) y las aves de ribera (tero, chajá).

La presencia de los enormes cursos de agua marca fuertemente la cultura de la zona. Una cultura que sabe reflejar, en sus distintas expresiones, las actividades económicas tradicionales (p.e. la pesca, la industria maderera y sus jangaderos, los yerbatales o cultivos de yerba mate), los fenómenos naturales asociados (p.ej. las crecidas e inundaciones, las lluvias y tormentas, las sudestadas) y, sobre todo, el entorno paisajístico.

Las culturas originarias de la región (Charrúa, Chaná, Kaingang, Abipón...) desaparecieron hacia finales del siglo XVIII, con la excepción de los distintos grupos pertenecientes al pueblo Guaraní (Mbyá, Pai-Tavyterá, Ñandevá, Chiripá, Aché...), que dejaron una fuerte impronta (sobre todo lingüística, pero también mitológica y cultural) en toda el área y que aún continúan habitando en la provincia de Misiones (Argentina) y en todo el este de Paraguay. Durante el siglo XIX se fomentó la inmigración, y en el litoral se asentaron numerosas comunidades de origen europeo (sobre todo del este de Europa, de Italia y de España) que en muchos casos mantuvieron sus tradiciones prácticamente intactas.

Actualmente se conservan, por un lado, muchos rasgos musicales indígenas Guaraní, incluyendo el uso de los stamping-tubes takuapú y de las flautas de Pan mimby-retá (instrumentos exclusivamente femeninos), los cantos corales ceremoniales al son de maracas, y las canciones con guitarra y violín. Por el otro, son numerosas las expresiones mestizas características de esta zona: la chamarrita, el chamamé, el rasguido doble, el vals, la guarania y la polka paraguaya son claros ejemplos. A ellas se suman los aportes directos de las colonias de inmigrantes, que incluyen géneros como la polka y el chotis. Los instrumentos más empleados son, sin duda alguna, el acordeón, el arpa y la guitarra.

Ubicada al noroeste del litoral, el Chaco es un área fitogeográfica atravesada por el río Paraguay y sus afluentes (el Bermejo y el Pilcomayo, entre otros). Ocupa parte del noreste de Argentina (provincias de Chaco y Formosa), el centro y el oeste de Paraguay, y territorios del sur de Brasil y del este de Bolivia. Comparte, básicamente, las mismas características fisiográficas que la región litoral (aunque es menos húmeda), e incluye la música de varias sociedades indígenas: los Qom, Moqoit y Pi'laxá (familia guaykurú); los Wichi, Yofwaja, Maká y Nivaklé (familia mataco-mataguayo); los Avá-Chiriguano (familia guaraní); los Ayoreo e Ishir (familia zamuco); y los Sanapana, Angaité, Guaná, Maskoy, Enlhet y Enxet (familia lengua-maskoy), entre otros. Todos estos grupos sobreviven en la actualidad, quizás porque a pesar de los duros embates sufridos durante la colonia y el periodo republicano y de las pésimas condiciones a las que los someten los actuales estados nacionales, pudieron lograr cierto grado de aislamiento dentro de una región arisca y que nunca facilitó su colonización.

La música del Chaco es muy semejante a la del litoral (con una fuerte influencia de las colonias de inmigrantes), salvo en el caso de las expresiones indígenas. Entre ellas destacan las de los Qom (también llamados "tobas"), con sus coros, sus instrumentos de percusión y su rabel mbiké; las de los Nivaklé ("chulupíes"), los Wichi ("matacos") y los Yofwaja ("chorotes"), con sus silbatos y sus idiófonos; y la de los Avá-Chiriguano, que celebran el Arete guasu ("fiesta grande", antigua fiesta de la cosecha del maíz mestizada hoy con el Carnaval) en donde sacan a relucir sus muchos tipos de tambores y flautas (que convocan a los espíritus de los antepasados), y sus máscaras aña-aña de madera de ceiba, con las cuales realizan numerosas danzas.

El chamamé es el "ritmo rey" del litoral y el Chaco (y de muchas áreas aledañas). Se trata de un género muy popular, con raíces en la música indígena e influencias de varias corrientes culturales europeas (española, portuguesa, alemana) e incluso africanas. Es un ritmo bailable, interpretado sobre todo con acordeones y/o bandoneones y guitarras, y con sub-géneros que abarcan desde lo vivaz y alegre (chamamé "maceta") hasta lo lento y melancólico (chamamé "cangüí"). Pueden ser instrumentales o cantados; en el primer caso suelen incorporar largos recitados; en el segundo, la letra puede tratar distintas temáticas (descripciones del paisaje, sucesos históricos, temas amorosos) y estar escrita en castellano, en avá ñe'é (guaraní), en yopará (guaraní mestizado) o en una mezcla más o menos heterogénea de todos ellos. La interpretación del chamamé cuenta con un elemento característico: el grito (en avá ñe'é, "sapucai") de alegría o tristeza que adorna la canción.

 

Sobre el artículo

Texto: Edgardo Civallero.

Ilustración: Río Paraná (Argentina). Wikimedia.org.

Información tomada de la tercera unidad del curso digital "Introducción a la música tradicional de América del Sur", de Edgardo Civallero, accesible en línea.

 


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