Un recorrido guiado a través de los sonidos de América Latina, sus instrumentos y sus intérpretes. Por Edgardo Civallero.

jueves, 28 de julio de 2016

Instrumentos musicales de los Ava

Instrumentos musicales de los Ava

Parte 01. Introducción


 

Los Ava, también conocidos como "chiriguanos", fueron uno de los pueblos que más tenazmente supieron resistir el sistema colonial en América del Sur.

Se trata de un grupo de habla guaraní emigrado desde el área amazónica y el Chaco boreal al este de Bolivia hacia finales del siglo XV, en una constante búsqueda (compartida con otros pueblos tupí-guaraníes) de la mítica iwóka, la "Tierra sin Mal". Ocuparon el sur de las tierras bajas bolivianas, sometiendo a los Chané, un pueblo de estirpe arawak que habitaba esos territorios, y atacando a las sociedades que vivían a su alrededor (p.ej. los Wichi o Weenhayek). Para cuando llegaron los europeos, los Ava estaban presionando las fronteras orientales del Tawantinsuyu o "Imperio incaico" en las cabeceras de los ríos Pilcomayo y Guapay; de hecho, las comunidades de las tierras altas bolivianas, de habla quechua y aymara, habían creado un sistema defensivo de fortificaciones (ciertamente infructuoso) para tratar de repeler sus ataques.

Los Ava se ganaron a pulso una fama de guerreros peligrosos e imbatibles. Los ejércitos incaicos no pudieron domeñarlos (según narra el Inca Garcilaso de la Vega); tampoco los conquistadores y los gobernadores coloniales españoles, que solo consiguieron establecer, a duras penas, un par de misiones religiosas en el río Parapetí.

Participaron en la Guerra de la Independencia, luchando contra los ejércitos realistas. Con la llegada de la República, las misiones franciscanas y las haciendas privadas avanzaron sobre las tierras de los Ava, que resistieron con ferocidad, como siempre habían hecho, hasta la masacre de Curuyuqui en 1891: una sangrienta derrota frente a las tropas bolivianas. A partir de ese momento el antiguo poderío Ava comenzó a eclipsarse.

Los territorios "chiriguano", cada vez más mermados, fueron el campo de batalla en el cual se desarrolló la Guerra del Chaco (1932-1935) entre Bolivia y Paraguay. Forzados a luchar en los ejércitos de ambos bandos, los Ava decidieron migrar masivamente a Argentina, asentándose sobre todo en el llamado "Chaco salteño". En la actualidad habitan en algunas localidades de la provincia de Salta y de Jujuy (Argentina), en unos pocos puntos del oeste de Paraguay, y en comunidades tradicionales esparcidas por el sur del departamento de Santa Cruz y el este del de Tarija (Bolivia), especialmente en la cuenca del río Parapetí y los bañados del Izozog.

La cultura Ava está formada por una base mestiza guaraní-arawak fuertemente influenciada por las culturas andinas (una influencia que se refleja claramente en la acentuación grave de su lengua, diferente a la aguda del resto de hablas de raíz guaraní). Este conglomerado está, además, mestizado con la cultura criolla boliviana y argentina de habla hispana. A pesar del dominio del karái póchi (el "blanco malvado"), los Ava conservan su ñanderéko, su cultura original. Mantienen vigente su lengua y buena parte de sus tradiciones, costumbres, expresiones y creencias, aunque en muchos casos éstas se hayan mimetizado con elementos urbanos y cristianos occidentales.

Los hombres se dedican a la caza, a la pesca, a confeccionar elementos textiles (bolsas de caraguatá) o cestos de palma y caña, o a trabajar como peones y jornaleros en campos, ingenios y montes. Las mujeres, por su parte, también elaboran cestas, junto a distintas piezas de alfarería. Como parte de su herencia arawak, ambos sexos dedican bastante tiempo a la agricultura, especialmente a la del maíz. Su apego milenario a ese grano, que es "lo que la sangre al humano, lo que nutre y da vida", motiva la celebración anual del aréte guásu, la "fiesta grande" de la cosecha.

Actualmente vinculado al Carnaval, el aréte guásu (también llamado aréte abáti, la "fiesta del maíz") conserva aún muchos significados antiguos; según se dice, vivos y muertos se reúnen una vez al año durante esa celebración para bailar juntos, todos ocultos tras las máscaras aña-aña de madera de ceibo. Es el momento del ciclo anual en el que la música, la danza y la chicha kãwi se convierten en el eje en torno al cual gira la vida Ava.

 

Referencias

Arce Birbueth, Eddy (2003). Estrategias de sobrevivencia entre los tapietés del Gran Chaco. La Paz: Fundación PIEB.

Cavour, Ernesto (1994). Instrumentos musicales de Bolivia. La Paz: E. Cavour.

Combes, Isabel; Saignes, Thierry (1995). Ghiri-Guana: nacimiento de una identidad mestiza. En Chiriguano. Pueblos Indígenas de las Tierras de Bolivia, 3. Santa Cruz: APCOB.

Corrado, Alejandro; Comajuncosa, Antonio (1990). El Colegio Franciscano de Tarija y sus Misiones. 2.ed. Tarija: Editorial Offset Franciscana.

Giannechinni, Doroteo (1898/1996). Historia natural, etnografía, geografía, lingüística del Chaco boliviano. Tarija: Fondo de Inversión Social – Centro Eclesial de Documentación.

Kuss, Malena (ed.) (2004). Music in Latin America and the Caribbean: An Encyclopedic History. Vol. 1. Austin: University of Texas Press.

Langer, E. D. (2009). Expecting Pears from an Elm Tree: Franciscan Missions on the Chiriguano Frontier in the Heart of South America, 1830-1949. Durham: Duke University Press.

Nino, Bernardino de (1912). Etnografía chiriguana. La Paz. Tipografía Comercial de I. Argote.

Pérez Bugallo, Rubén (1996). Catálogo ilustrado de instrumentos musicales argentinos. Buenos Aires: Ediciones del Sol.

Rocca, Manuel; Rossi, Juan José (2004). Los Chané-Chiriguano. Buenos Aires: Galerna, Búsqueda del Ayllu.

Romano, Santiago; Cattunar, Hernán (1915). Diccionario chiriguano-español y español-chiriguano. Tarija: Tipografía Antoniana.

Rozo López, B. (2011). Los territorios del violín. Implicaciones actuales que un instrumento musical pone en evidencia sobre la idea que tenemos hoy acerca de "área" y "popular" en la música. En W. Sánchez (ed.) El violín en Bolivia. Cochabamba: Fundación Simón I. Patiño.

Sánchez, Walter (coord.) (1997). Yagua Tairari. Músicas y cantores de los Guaraní (Bolivia) . [CD]. Cochabamba: Centro Cultural Simón I. Patiño.

Sánchez, Walter (1999). Organología guaraní-chiriguano. Boletín del INIAM-Museo, 7, noviembre-diciembre.

Sánchez, Walter (2001). "Sonidos", "ruidos" y "silencios" en las misiones franciscanas del Chaco boliviano. Revista Argentina de Musicología, 2, pp. 16-48.

Sánchez, Walter (2010). El violín en la estética indígena. Los Tiempos, 15 de agosto. [En línea].

 

Sobre el artículo

Texto: Edgardo Civallero.

Ilustración: Tamboril angúa rái de los Ava. Selecciontexo.com.

Información tomada del libro digital "Instrumentos musicales de los Ava", de Edgardo Civallero, accesible en línea.

 



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jueves, 21 de julio de 2016

Introducción a la música tradicional de América del Sur

Introducción a la música tradicional de América del Sur

Unidad 5. El lago Titicaca


 

Al salir del territorio boliviano por el norte y entrar al territorio peruano por el sur, la cordillera de los Andes se divide en varios ramales que abrazan el altiplano o Meseta del Collao y envuelven la cuenca endorreica del lago Titicaca.

El Titicaca (generalmente traducido del aymara como "peña de plomo", aunque el origen de su nombre sigue en debate) está repartido entre los actuales territorios de Perú y Bolivia, y es el lago navegable más alto del mundo. Es, además, el centro espiritual de varias culturas originarias andinas; de acuerdo a las leyendas antiguas de según qué pueblo, de las aguas del lago sagrado habrían surgido el dios Wiraqocha, los antepasados míticos de los Incas (Manco Capac y Mama Ocllo), o el propio Sol.

La región altiplánica que rodea el lago, situada a 3.600 mts., es árida y fría, cortada por frecuentes vientos. La vegetación se reduce a plantas resistentes a un medio ambiente hostil: tolas, yaretas, pajonales de ichu... La fauna incluye camélidos andinos, chinchillas, armadillos (kirkinchos), zorros y cóndores. El lago posee un buen número de islas e islotes, en donde se desarrollan expresiones culturales muy particulares, como las del pueblo Uru o Uro, que vive en "islas flotantes" de junco totora.

La cultura puneña (es decir, la del departamento de Puno, en Perú) guarda muchas similitudes con la del vecino altiplano boliviano, básicamente porque ambas regiones componen una unidad geográfica, cultural e histórica dividida por una frontera política, y porque está habitada sobre todo por comunidades de origen Aymara. Sin embargo, también hay una fuerte presencia Quechua, la etnia dominante en Perú un poco más al norte.

Puno posee algunas de las danzas más espectaculares del país: la diablada puneña, la morenada, la cullaguada (kullawada), la llamerada, los waka waka, los doctorcitos, los caporales, los tobas, los tinkus, el rey moreno y la marinera y pandilla puneña (acompañadas con "bandas de bronces"), y el carnaval de Arapa, la pinkillada, los ayarachis, la chacallada, la tarkada, la wifala, los luriguayos o mohoseñada, los sikuris, los chacareros, los awatiris, los llameritos, los chulla, los unucajas, los k'ajchas, los ayarcachis, los waraqueros, los negritos de Ccacca, los qawra tikiris, el papatarpuy, los challphas, los llamayuris y los unkakos de Pacaje (acompañados por "tropas" de flautas autóctonas), entre muchas otras.

Puno es la región peruana en donde los instrumentos de viento tradicionales tienen una mayor presencia. En el resto del país, y al margen de las "bandas de bronces" y la aparición testimonial de quenas, antaras (flautas de Pan de una sola hilera), armónicas y pinkillos, los aerófonos no ocupan un lugar protagónico, sino que se lo dejan a los instrumentos de cuerda. Las zampoñas o flautas de Pan se utilizan durante la estación seca (de abril a octubre); la variante más extendida son los sikus o flautas de doble hilera. En esos aerófonos, las notas están repartidas entre las dos hileras o "mitades" que los componen (llamadas arka e ira); cada una de ellas está en manos de un músico distinto, y ambos deben entrelazar los sonidos de su "mitad" con los de la complementaria para poder armar la melodía completa. Las "tropas" de sikus más frecuentes en Puno son los chiriguanos (p.e. los de la localidad de Huancané), los ayarachis (p.e. los de las localidades de Lampa y Paratia) y los sikumorenos (presentes en todo el departamento de Puno, y en los vecinos de Moquega y Tacna). Entre las quenas (flautas verticales con escotadura) destacan las grandes choquelas o pulipulis, y entre los pinkillos (flautas de pico), merecen mención los chaqallos, los lawak'umus, los luriguayos o mohoseños, los pinkillos empleados en las pinkilladas, y los descomunales tuqurus o tokoros de la localidad de Juliaca. Todos estos instrumentos se tocan en grandes conjuntos o bandas, acompañados de numerosos membranófonos e idiófonos.

Además de los aerófonos, en Puno también suenan bandurrias, mandolinas, guitarras, guitarrones y charangos. Estos últimos presentan características morfológicas muy particulares (p.e. cajas de resonancia circulares), así como algunas variedades populares, como el chillador o walaycho, un charango de pequeño tamaño y sonido agudo, muy apreciado para la interpretación de huaynos. Las orquestas conocidas como "estudiantinas" son muy habituales en tierras puneñas, e incluyen todo tipo de instrumentos de cuerda y acordeones.

Las expresiones musicales pueden disfrutarse sobre todo durante la Fiesta de la Virgen de la Candelaria, patrona de Puno, y para los Carnavales. También en algunas fechas concretas, como la Qashwa de San Sebastián o "Carnaval Chico" de Juliaca.

 

Sobre el artículo

Texto: Edgardo Civallero.

Ilustración: Lago Titicaca (Perú). Famouswonders.com.

Información tomada de la quinta unidad del curso digital "Introducción a la música tradicional de América del Sur", de Edgardo Civallero, accesible en línea.

 


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jueves, 14 de julio de 2016

Introducción a la música tradicional de América del Sur

Introducción a la música tradicional de América del Sur

Unidad 4 (c). Bolivia: El área de habla quechua


 

El área de habla quechua de Bolivia tiene su núcleo principal en la zona de valles ubicada al este del altiplano: concretamente, la mitad oriental del departamento de Potosí y la sección nor-occidental del departamento de Chuquisaca. Extiende su influencia hacia regiones aledañas de los departamentos de Oruro y Cochabamba.

El oriente del departamento Potosí se caracteriza por la imponente presencia de la Cordillera Central (una de las tres ramas en las que se divide la cordillera andina en Bolivia). El medio ambiente es agreste, seco, y está muy marcado por el gélido clima dominante, que solo se atempera en los valles andinos. Allí se encuentran microclimas templados que permiten cultivos de cereales y hortalizas y el crecimiento de bosques de quebracho blanco, churqui, molle y ceibo, y de matorrales de queñua. La fauna está representada por la taruka o venado andino, el zorro, la vizcacha, el gato andino o chinchay, el puma, el cóndor y varias especies de aves endémicas, como la paraba de frente roja.

Las comunidades bolivianas de habla quechua son descendientes de los antiguos Reinos Aymara que fueron conquistados por el Tawantinsuyu o "Imperio Inca"; perdieron su lengua original y adoptaron la impuesta. En la actualidad, existen alrededor de una veintena de comunidades indígenas quechua-hablantes con identidades propias: p.ej. los Layme, los Jukumani, los Macha, los Jalq'a, los Calcha, los Pocoata y los Tarabuqueño. Su repertorio musical se caracteriza por incluir algunas tropas de flautas de Pan, grandes pinkillos (enormes aerófonos a veces ejecutados en solitario y otras en conjuntos de entre 5 y 20 personas) y distintas variedades de cordófonos, como los charangos, las medianas y las guitarrillas.

Entre las zampoñas o flautas de Pan se encuentran las sikuras, los ayarachis, ayrachis y ayarichis, los jula julas y los sikus San Pedro. Interpretadas en "tropas", suelen verse acompañadas por los pututus o bocinas de cuerno. De asta vacuna se construyen también los erques (clarinetes idioglóticos) y los jatun pututus, larines o tira tiras, enormes trompetas naturales propias del departamento de Potosí. Mohoseños, rollanos, machu pinkillos, senqatanqanas, turumes y karnawal pinkillos forman parte de los grandes pinkillos, generalmente construidos a partir de grandes ramas ahuecadas.

Los Calcha (departamento de Potosí) todavía emplean el jantark'i o jantarque, un silbato de madera similar a las "flautas de chinos" chilenas o las pifilkas de los Mapuche, y que es interpretado exclusivamente por mujeres.

Toda la región Quechua es pródiga en charangos y guitarrillas, instrumentos de cuerda que derivan directamente de la familia de las vihuelas y las tempranas guitarras españolas introducidas en América durante el periodo colonial. Tomando esos instrumentos como base, los constructores locales fueron agregando rasgos complementarios de otros aerófonos europeos (como la chitarra battente, el laúd y la bandolina), que afectarían ligeramente la forma, el encordado y las técnicas de construcción. Se supone que ciertas guitarrillas bolivianas (khonkhotas, medianas, guitarrillas Chipaya, etc.) serían las adaptaciones más directas de las vihuelas, mientras que los charangos, de menor tamaño, derivarían de guitarricos y guitarras barrocas. Los charangos laminados (empleados sobre todo en Perú) habrían mantenido las elaboradas técnicas de construcción de instrumentos de cuerda originales europeas; la simplificación de las mismas habría llevado a la creación de charangos lauqueados (cavados en una sola pieza de madera) y la escasez de madera, al uso de otros elementos para las cajas de resonancia, incluyendo caparazones de armadillo (kirkincho) o de tortuga, cuero crudo y calabazas.

Con el paso del tiempo, los distintos derivados adquirieron carta de ciudadanía en los lugares que los vieron nacer, sufrieron la evolución natural de cinco siglos de interpretación, cambio y mejora, y se convirtieron en instrumentos únicos y particulares. En la actualidad, entre los cordófonos tradicionales bolivianos destacan el charango sacabeño (originario de Sacaba, departamento de Cochabamba; de pequeño tamaño, madera laminada, lomo curvo, clavijas de madera y entre 5 y 8 cuerdas); el rankha charango (originario de Mizque, departamento de Cochabamba; 8-10 cuerdas metálicas más una cuerda accesoria, madera laminada, lomo curvo, hasta tres tamaños distintos); el pequeño walaycho o juch'uy charango (5 cuerdas dobles metálicas, cuerpo de madera ahuecada); el khonkhota o q'onq'ota (8 cuerdas de tripa y metálicas, madera laminada, lomo recto); el charango anzaldeño o arriero (originario de Anzaldo, departamento de Cochabamba, 5 cuerdas dobles metálicas, madera laminada, lomo recto); la guitarrilla potosina (5 cuerdas triples metálicas, madera laminada, lomo recto); y la mediana (pequeña guitarra de madera laminada, 5 cuerdas dobles metálicas, lomo recto).

Entre los estilos musicales más particulares de la región se cuentan los de los Jalq'a (departamento de Potosí), que aún practican el arte del takipayanaku (diálogos musicales en los que dos cantantes intercambian coplas) y entonan los malawiras, largos cantos acompañados por un charango o una guitarrilla. Por lo demás, se cultivan ritmos como el huayno, la cacharpaya, la tonada potosina, la cueca, la jiyawa, el fandango, el zapateado y el salaque o salay. En muchos de ellos aparece el característico repique del charango, dentro de un estilo de interpretación muy sincopado y difícil, que combina armonía con melodía y que se denomina "k'alampeo".

Al repasar las celebraciones más sobresalientes encontramos fiestas cívicas y festejos en honor a los santos patronos de cada lugar (p.ej. la Virgen de Urkupiña en Quillacollo, o el Santa Vera Cruz Tatala, ambos en el departamento de Cochabamba); los tinkus o combates rituales entre comunidades, sobre todo en las regiones de los Macha, Layme, Pocoata y Jukumani; y las carnestolendas. Los Carnavales chicheños y calcheños son afamados por la participación de grandes tropas de pinkillos; los nor-potosinos, por la masiva presencia de charangos; y los tarabuqueños (en donde la fiesta toma el nombre de pujllay, del quechua puqllay, "jugar"), por los intérpretes de las descomunales flautas senqatanqana, que desfilan luciendo sus monteras de cuero y haciendo resonar unas espuelas enormes que llevan en sus sandalias de madera.

En líneas generales, la música tradicional de estas sociedades se interpreta casi exclusivamente en sus comunidades de origen. Solo un puñado de registros etnográficos y algunos grupos musicales bolivianos comprometidos con el acervo intangible Quechua han recolectado, grabado y difundido esos sonidos respetando su formato original; los demás han escogido determinados elementos o se han "inspirado" en ciertos rasgos para sus creaciones. Entre estos últimos, algunos artistas han deformado música, danza, indumentarias y costumbres de formas bastante desafortunadas.

 

Sobre el artículo

Texto: Edgardo Civallero.

Ilustración: Valle de la Luna (Potosí, Bolivia). Wikimedia.org.

Información tomada de la cuarta unidad del curso digital "Introducción a la música tradicional de América del Sur", de Edgardo Civallero, accesible en línea.

 


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jueves, 7 de julio de 2016

Introducción a la música tradicional de América del Sur

Introducción a la música tradicional de América del Sur

Unidad 4 (b). Bolivia: El altiplano


 

Las tierras altas (el altiplano o puna y los valles andinos) ocupan más de la cuarta parte del territorio de Bolivia y conforman la sección más densamente poblada del país (y la de menor diversidad étnica). La mitad de sus pobladores viven en pequeñas comunidades indígenas rurales, a 2500-3500 m de altitud, en un medio complicado y, en ocasiones, directamente hostil.

El altiplano boliviano —parte de la Meseta del Collao, la altiplanicie meridional andina que comienza al sur del Perú, se adentra en la mitad occidental de Bolivia y acaba en el noroeste de Argentina y el norte de Chile— cubre partes significativas de los departamentos de La Paz, Oruro y Potosí, y ha sido la cuna del pueblo Aymara. Es, asimismo, el hogar de otros dos grupos étnicos, demográficamente minoritarios: los Chipaya o Kot'suña del salar de Coipasa (departamento de Oruro) y los Kallawaya de Charazani (departamento de La Paz), que poseen culturas muy antiguas y particulares.

Se trata de un paisaje desolado y agresivo, caracterizado por un clima frío, escasas precipitaciones y la presencia constante de salinas y desiertos. Su mitad norte está dominada por el lago Titicaca, el río Desaguadero y dos lagos de agua salobre, el Uru Uru y el Poopó. Hacia el sur, el altiplano se desertifica y aparecen los salares de Coipasa y Uyuni o Tunupa (el mayor del mundo). Esa mitad se ve atravesada por un puñado escaso de ríos de curso variable (el Grande de Lípez, el Pucamayu, el Lauca, el Lacajahuira) y salpicada por lagunas como la Colorada o la Q'ara.

Las comunidades Aymara poblaron la región altiplánica desde tiempos pre-incaicos. En lo que hoy es territorio boliviano se desarrollaron señoríos regionales (los llamados "Reinos Aymara") herederos de la cultura Tiahuanaco o Tiwanaku. Fueron ellos los que, de acuerdo a las evidencias arqueológicas, domesticaron la papa y otros tubérculos de cultivo tradicional en los Andes. Y dejaron, como marcas indelebles de su presencia, los imponentes pukara (fortificaciones) y chullpas (monumentos funerarios). En la actualidad las identidades individuales de todos esos señoríos antiguos (Lupaca, Qolla, Caranga, Pacaje, etc.) se han desvanecido (al contrario de lo que ocurre con las vecinas comunidades de habla quechua de los valles andinos de Bolivia), fundiéndose en una identidad general Aymara cuya construcción y significado han sido y siguen siendo analizados con interés por numerosos autores.

El patrimonio musical Aymara contemporáneo incluye, ante todo, una enorme cantidad y diversidad de aerófonos. De hecho, un porcentaje significativo de los instrumentos de viento (y los de percusión que los acompañan) originarios de Bolivia pertenecen al acervo cultural de este pueblo. Asimismo, algunos de los estilos considerados como los más tradicionales de los Andes son Aymara. Y sus melodías y latidos han influido en la creación de nuevos géneros musicales bolivianos, tales como el huayno/wayñu paceño, el caporal o la saya.

Entre los aerófonos más empleados por los grupos Aymara se encuentran los sikus o zampoñas, flautas de Pan andinas de doble hilera: p.ej. sikus de Charazani o k'antus, sikus de Italaque, lakitas, mimulas, jach'a sikus, ayarachis, arachis, ayarichis, ayrachis, tabla sikus, suri sikus y chiriwanos; las "quenas" o flautas verticales con escotadura: p.ej. pusipías, quena quenas, choquelas y lichiguayos; y los "pinkillos" o flautas verticales de pico: p.ej. kachuiris, tarakhas, koikos, alma pinkillos, waka pinkillos, phunas, chatres, tarkas y mohoseños. La mayor parte de estos instrumentos de viento se interpretan en "tropas", grandes grupos que incluyen distintos tamaños (y tesituras) de una misma flauta sonando a la vez; de esta forma, las melodías se ejecutan en líneas paralelas separadas por intervalos aproximados de terceras, cuartas, quintas y/u octavas. Esos intervalos, y las armonías resultantes, son característicos de cada flauta y cada agrupación. El nombre del aerófono, la designación de cada uno de sus distintos tamaños, la afinación, la forma de construcción e incluso el sonido varían prácticamente de comunidad en comunidad, lo que convierte al atlas boliviano de instrumentos musicales en algo tan rico como endiabladamente complicado.

Los conjuntos instrumentales más tradicionales incluyen hasta medio centenar de flautistas, un cuerpo de danza y la presencia infaltable de distintos instrumentos de percusión. Entre estos, los más importantes son los bombos de doble parche: el wankar, bombo k'antu o italaque; el "medio italaque"; la wank'ara; el tambor mohoseño o caja mohoseñada; el bombo banda; y la caja pinkillada. En cuanto a los idiófonos, destacan sobre todo las matracas, el triángulo y los cascabeles.

Una de las formas de interpretación musical Aymara más extendida es la sikuriada, sikureada o sikuri: la ejecución de diversos ritmos (p.ej. huaynos, marchas o pasacalles) usando grandes "tropas" o conjuntos de sikus. Esta forma de interpretación ha dado lugar a una de serie de géneros musicales típicamente Aymara: el sikuri de Italaque, el k'antu, el suri sikuri, el sikuri mimula, el ayarachi, el chiriwano, el arachi o el jach'a sikuri son algunos de ellos (nótese que muchos nombres se corresponden con el de la flauta protagonista).

De forma similar, la interpretación colectiva de "tropas" de otros aerófonos ha dado lugar a géneros musicales como el waka waka, waka toqhori o waka tinti (con waka pinkillos), la tarkeada (con tarkas), el moqolulu (con choquelas), la mohoseñada (con mohoseños), la pinkillada (con pinkillos) o la quena quena (con quena quenas).

Las melodías van acompañadas indefectiblemente por grupos de baile, que representan, con sus pasos y movimientos, las danzas autóctonas indígenas, y que suelen lucir espectaculares trajes y, en ocasiones, bellísimas máscaras. Entre estas danzas destacan, por su popularidad, los pacochis, la danza karhuani/qarwani o llamerada, los waka tintis, la cullaguada/kullawada, los chunchos, los chutas, las phunas, los doctorcitos, los tobas y el auki auki. Pero el repertorio de bailes tradicionales es prácticamente inacabable. Mención especial merece la diablada, una "danza de diablos" que se desarrolla en varios puntos del altiplano; su variante más célebre es la que tiene lugar en la ciudad de Oruro durante los Carnavales. La Diablada de Oruro ha sido proclamada Patrimonio Cultural de la Humanidad por la UNESCO. Asimismo, cabe subrayar una serie de bailes mestizos de nueva factura, vagamente inspirados en los ritmos de las comunidades afro-bolivianas: los caporales, las morenadas y las sayas "andinas", en la actualidad los géneros "de moda" en Bolivia.

Los afro-bolivianos, descendientes de antiguos esclavos africanos, viven en poblaciones ubicadas en los yungas, valles cálidos al este del altiplano del departamento de La Paz. Su expresión cultural más conocida es la saya, un género poético-musical-coreográfico que se interpreta al ritmo de tamboras (las "cajas de la saya") y un reco-reco (enorme güiro de caña), y que mantiene todas las características de la música africana. Esta saya, la versión original, tiene poca o ninguna relación con la saya "andina" popularizada y comercializada por artistas urbanos bolivianos.

Los instrumentos de cuerda, introducidos en el siglo XVI por los europeos, se emplean en la actualidad en todos los contextos (indígenas, mestizos y criollos, rurales y urbanos), aunque son utilizados de modo distinto por cada sector social, étnico y cultural. Sus exponentes principales son el charango (y sus numerosísimas variedades), las guitarrillas, la guitarra, la mandolina y el violín. También están presentes en todo el altiplano las "bandas de bronces" (trompetas, saxos, trombones, tubas), el acordeón, la armónica y muchos otros instrumentos europeos modernos.

La mayor parte de las expresiones musicales del altiplano boliviano tienen lugar dentro de un calendario festivo que, en buena parte de los casos, sincretiza las celebraciones religiosas católicas con las prehispánicas. Los instrumentos a usar en cada festividad dependen de la estación del año: en el jallu pacha o periodo lluvioso (desde Todos los Santos a Carnaval) se usan pinkillos, mohoseños y tarkas, flautas "femeninas", mientras que en el awti pacha o estación seca se usan las zampoñas y las quenas.

Las formas musicales mestizas de la región altiplánica boliviana toman los géneros, agrupaciones instrumentales y estilos Aymara y los adaptan a una estética más occidental y más urbana. En ella los instrumentos de cuerda y los instrumentos de origen no-Aymara juegan un rol importante, que no desempeñan en absoluto en el repertorio nativo. Por otro lado, en la música mestiza desaparecen ciertos rasgos indígenas que pueden resultar desconocidos o incluso molestos para audiencias no habituadas: ciertas "desafinaciones" características, ciertas armonías, ciertos elementos "fuera de ritmo". Nacen así los huaynos paceños (de La Paz) con fuerte presencia de cuerdas, los tobas, cullaguadas, diabladas, chutas y llameradas citadinos (prácticamente desconectados de sus versiones originales indígenas) y nuevas versiones de los chuntunquis (un género melancólico y romántico), las cacharpayas, los huayno-sikuris y los kaluyos, entre muchos otros. Al mismo tiempo las jóvenes generaciones de intérpretes bolivianos fusionan los ritmos y sonidos tradicionales con géneros modernos (pop, rock, techno), buscando revitalizar sus raíces y llegar a una mayor audiencia.

Se mantiene, por otra parte, un buen número de formas musicales criollas, es decir, de claras raíces hispánicas, herencia directa de la Colonia. Entre ellas se encuentran la cueca, el vals, el pasacalle y el bailecito.

Entre las festividades más importantes se cuentan los Carnavales (sobre todo los las ciudades de La Paz y Oruro) y muchísimas celebraciones religiosas, como la del Cristo del Gran Poder (en La Paz) o la de la Virgen de la Candelaria (en Copacabana). En ellas tocan las bandas, y se despliegan las comparsas con los bailes más populares. En las "peñas" (locales en donde se puede escuchar música en vivo mientras se degustan platos populares) abundan los "conjuntos folklóricos" (cuartetos o quintetos de vientos, charango, bombo y guitarra), que fueron los que comenzaron a difundir y popularizar la "música andina" como género comercial hacia mediados de los 60' del siglo pasado.

En las pequeñas comunidades rurales, por su parte, se mantienen las celebraciones y tradiciones indígenas asociadas a los santos patronos, las vírgenes y el calendario agrícola. Lejos de las ciudades, en donde la música y la cultura tradicional se han convertido prácticamente en un negocio y un espectáculo, los instrumentos, las danzas y los cantos se conservan con una parte significativa de su riqueza original intacta.

Resumir la diversidad de la música del altiplano boliviano es una tarea difícil. Sin embargo, estas breves notas permitirán tener al menos algunas pistas para seguir investigando y profundizando en su conocimiento.

 

Sobre el artículo

Texto: Edgardo Civallero.

Ilustración: Altiplano (Bolivia). Fotonatura.org.

Información tomada de la cuarta unidad del curso digital "Introducción a la música tradicional de América del Sur", de Edgardo Civallero, accesible en línea.

 


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