Un recorrido guiado a través de los sonidos de América Latina, sus instrumentos y sus intérpretes. Por Edgardo Civallero.

jueves, 11 de mayo de 2017

Pinkillos: un acercamiento inicial

Pinkillos: un acercamiento inicial

Parte 02. Grandes pinkillos (I)


 

En líneas generales, los instrumentos aquí presentados como "grandes pinkillos" rondan o superan el metro de longitud. Algunos de ellos, debido a sus enormes dimensiones, requieren de estructuras complementarias de soplo que se convierten en rasgos característicos. Suelen formar parte de conjuntos, aunque algunos de ellos se ejecutan en solitario.

Por lo general se elaboran con gruesas cañas bambusáceas de las tierras bajas sudamericanas o con piezas de madera. En este último caso, el proceso de construcción requiere de la apertura longitudinal de una rama o tronco fino, su vaciado con gubias o instrumentos similares y la posterior unión de ambas mitades –mediante cintas, tiras de cuero o tendones– para formar un tubo que pocas veces llega a ser cilíndrico y, por lo general, no es recto. Tradicionalmente, antes de interpretar este tipo de instrumento el músico lo llena de agua, chicha o alcohol; el gesto suele verse, desde un punto de vista simbólico, como una especie de "bendición". Sin embargo, desde una perspectiva práctica, el líquido ayuda a que la madera se expanda y selle los posibles escapes de aire, que por otro lado siempre pueden obturarse con cera o resina.

Los grandes pinkillos no están presentes en Colombia, y en Ecuador poseen un único representante, el huajairo o guajairo de los Cañari (provincia de Cañar).

En Perú se encuentran los pinkuyllus (pinkhuyllu, pincuyllo, pincullo) del departamento de Cusco, localizados sobre todo en las provincias situadas en las tierras altas (Canas, Canchis, Espinar y Chumbivilcas), así como en áreas de los departamentos de Arequipa y de Puno. Miden 90-120 cm de largo y unos 3-5 cm de diámetro. Se fabrican a partir de ramas de huarango o huaranhuay (Acacia macratha) o queshuar (Buddleja incana) que se abren longitudinalmente, se ahuecan y luego se vuelven a unir; se sujetan con una docena de tiras de tendón (anq'o) o con cintas de cuero o de goma para evitar que se resquebrajen, y se embadurnan con grasa de llama. Suelen contar con 6 orificios, muchas veces ovalados, de los cuales se obturan solo los 4 superiores, y se interpretan por pares. Localmente se identifican varios tipos: el marangani pinkuyllu (el más grande, con una silueta muy arqueada), el orqosi pinkuyllu (el de factura más cuidada, utilizado para interpretar la música homónima), el k'ana pinkuyllu (de la provincia de Canas, el más difundido y el menos arqueado, 100-110 cm), el charol pinkuyllu (muy popular en Chumbivilcas, de menor tamaño), y el huch'uy pinkuyllu (el más pequeño, de 90 cm, usado para el aprendizaje). Se los emplea en la época de lluvias (diciembre y enero), especialmente durante las señalakuy o fiestas de marcado del ganado.

En Chinchero (provincia de Urubamba) y Colquepata (provincia de Paucartambo), también en el departamento de Cusco, aparecen flautas similares a los pinkuyllus, denominadas lawata o qaytanu. Suelen interpretarse en tríos de instrumentos de iguales dimensiones, acompañadas por un redoblante, durante la siembra y cosecha de las patatas.

El toro pinkillo de Ayapata (provincia de Carabaya, departamento de Puno, limítrofe con Cusco) también es muy parecido a los pinkuyllus, aunque cuenta únicamente con 3 orificios de digitación.

Por último, merecen mención los tokoros y pinkillos de Juliaca (provincia de San Román) y áreas vecinas en las provincias de Azángaro y Lampa, en el departamento de Puno. Los tokoros son flautas descomunales interpretadas durante la Kashua o Qhaswa de San Sebastián (20 de enero), conocida como "Carnaval chico". Se trata de aerófonos de hasta 120 cm de largo y 10 cm de diámetro, con 5 orificios de digitación frontales, que producen notas-pedal sobre las cuales interpretan su melodía los pinkillos, mucho más pequeños.

En territorio boliviano se ejecutan los pinkillos mohoseños (pinkillo mohoceño, moseño, moceño, moxeño o mojseño) o simplemente mohoseños, una tropa de flautas originarias del cantón Mohosa/Mohoza (en aymara, Muxsa marka; municipio de Colquiri, provincia de Inquisivi, departamento de La Paz). Actualmente su uso se ha extendido a los departamentos peruanos de Puno y Tacna (donde se los denomina luriwayu, luriwayo o pinkillo luriguayo), a otras provincias del departamento de La Paz (p.ej. Omasuyos) y a los departamentos limítrofes con Inquisivi (Oruro y Cochabamba), en general territorio del pueblo Aymara, a cuyo patrimonio musical pertenece el instrumento.

Este tipo de pinkillo también es conocido como aykhori o ayquri (en aymara, "el que se queja, gime o se lamenta").

Se elaboran con largas piezas de caña tokhoro (tokoro, toqoro, tuquru) en las que se practican 5-6 orificios de digitación en su cara frontal, más 4 orificios de afinación (falsos, 2 en cada lateral) distribuidos en el extremo distal del instrumento. Ese extremo está taponado por un nudo natural de la caña, en el cual se perfora un pequeño orificio. La ventana y el bisel de los mohoseños se sitúan en la parte trasera del instrumento, y el cuerpo principal va asegurado por anillos de alambre, cuerda o cuero, para impedir que la caña se raje; precaución que hay que tener sobre todo cerca de la embocadura, al verse ésta más afectada por la humedad.

La tropa suele incluir al menos cuatro tamaños, cuyos nombres, afinaciones y dimensiones varían de comunidad en comunidad, e incluso de constructor en constructor. En líneas muy generales, se habla de los siguientes: salla, salliva, salliwa, jatun, bordón o bordona (120-220 cm, 5 orificios); erazo, eraso, irasu o cherke (2/3 de la longitud de la salliba, 6 orificios); requinto, rikinto, chirta, chiuka, tarka o mala (la mitad de la longitud de la salliba, 6 orificios); y tiple, tipli, riquina o ch'ili (la mitad de la longitud del erazo, 6 orificios).

Como ejemplos de la diversidad de las tropas de mohoseños puede señalarse que la tropa llamada "loriwaya" (utilizada en el departamento de Puno, Perú) incluye los tamaños salliva, iraso, chirta y riquina; la usada en la ciudad de La Paz (Bolivia) contiene los tamaños sallas, cherke y chiuka; la de Inquisivi (departamento de La Paz, Bolivia) comprende bajo, sallas, cherque y chiuka; la tropa "manzanani" (departamento de Cochabamba, Bolivia) cuenta con jatun tukana, requinto, mala y ch'ili; y la tropa "wankarani" (también de Cochabamba) incluye bordona, mama, tarka y ch'ili. En la actualidad existen hasta treinta tropas distintas, cada una con su propia estructura armónica y sonora.

El mohoseño salliva es quizás el más llamativo de la tropa. Debido a sus grandes dimensiones, debe soplarse a través de un conducto auxiliar de caña (hoy también hecho de caño plástico o manguera de goma), de 40-70 cm de largo, llamado paltjata (probablemente del aymara pallqxtaña, "ramificarse" o p'allqjaña, "bifurcar, dividir en dos"). Ese tubo, bien sujeto al cuerpo principal, conduce el aire desde una pequeña embocadura circular hasta una pieza de madera cilíndrica que obtura completamente el extremo proximal del cuerpo principal del instrumento. Dentro de tal pieza está excavado el aeroducto, que concentra el aire sobre el bisel. La salliva es la única flauta vertical andina que generalmente (aunque no siempre) se interpreta en posición horizontal, como si se tratase de una flauta traversa.

A pesar de que el gran tamaño de las flautas pueda sugerir un sonido grave, su interpretación respeta un principio estético propio de los aerófonos Aymara: el uso exclusivo del registro agudo y sobreagudo, y la emisión de numerosos armónicos.

La tropa produce armonías de quintas, cuartas y octavas aproximadas (con una fuerte presencia de batimientos) y, a diferencia de otras tropas de aerófonos del altiplano meridional andino, no lleva acompañamiento de bombos wank'ara: como instrumento de percusión suelen emplearse los llamados tambores mohoseños o cajas mohoseñadas, similares en estructura a un redoblante. Las bandas o conjuntos de músicos que ejecutan estas tropas se denominan mohoseñadas o moseñadas, término que designa asimismo al estilo de música que interpretan y la danza que los acompaña.

En los últimos tiempos, las mohoseñadas incorporan una chirimiya, clarineta o clarinete, instrumento de lengüeta simple construido por artesanos populares de la provincia de Omasuyos (departamento de La Paz). El cuerpo, de unos 40 cm de largo, se elabora de madera o plástico, caña y hojalata, e incluye una lengüeta de caña, plástico o latón. Posee 6 orificios de digitación frontales y, a veces, uno posterior. Su sonido agudo y vibrante se destaca por encima del de las flautas. Algunos músicos utilizan únicamente la boquilla y usan como cuerpo y pabellón las dos manos unidas; llaman a ese instrumento clarín, imilla, khonana o khonani.

Los mohoseños aparecen en importantes festividades del área circum-Titicaca, así como en las fiestas patronales de las pequeñas comunidades altiplánicas.

 

Referencias

Baumann, Max P. (1981). Music, Dance, and Song of the Chipayas (Bolivia). Latin American Music Review / Revista de Música Latinoamericana, 2 (2), Autumn-Winter, pp. 171-222.

Catacora Rodríguez, José Manuel (2006). Contexto y análisis organológico del instrumento musical lawa k'umu, de la zona lacustre del altiplano en Puno. [Tesis]. Puno: Universidad Nacional del Altiplano.

Cavour Aramayo, Ernesto (1994). Instrumentos musicales de Bolivia. La Paz. CIMA.

Coba Andrade, Carlos Alberto (1981). Instrumentos musicales populares registrados en el Ecuador. Otavalo: Instituto Otavaleño de Antropología.

D'Harcourt, Raoul y Marguerite (1959). La musique des Aymara sur les hauts plateaux boliviens. Journal de la Société des Américanistes, 48, pp. 5-133.

Díaz Araya, Alberto; Mondaca Rojas, Carlos; Ruz Zagal, Rodrigo (2000). Música y músicos aymaras del norte chileno. Diálogo andino, 19, pp. 61-84.

Gerard, Arnaud (ed.). (2010). Diablos tentadores y pinkillus embriagadores. La Paz: Plural Editores / FAUTAPO.

Gobierno Autónomo Departamental de La Paz (2012). Registro de música y danza autóctona del departamento de La Paz. La Paz: Secretaría Departamental de Desarrollo Económico y Transformación Industrial.

Instituto Nacional de Cultura (1978). Mapa de los instrumentos musicales de uso popular en el Perú: clasificación y ubicación geográfica. Lima: Oficina de Música y Danza.

Martínez, Rosalía (1990). Musique et démons: carnaval chez les Tarabuco (Bolivie). Journal de la Société des Américanistes, 76, pp. 155-176.

Mullo Sandoval, Juan (2009). Música patrimonial del Ecuador. Quito: Fondo Editorial Ministerio de Cultura.

Olsen, Dale A.; Sheehy, Daniel E. (eds.) (2008). The Garland Handbook of Latin American Music. 2.ed. Nueva York, Londres: Routledge.

Pérez Bugallo, Rubén (1996). Catálogo ilustrado de instrumentos musicales argentinos. Buenos Aires: Ediciones del Sol.

Sigl, Eveline (2012). No se baila así nomás. La Paz: [s.d.]

Stobart, Henry (1988). The pinkillos of Vitichi. [s.d.]

 

Sobre el artículo

Texto: Edgardo Civallero.

Ilustración: Tropa de mohoseños [E. Civallero].

Información tomada del libro digital "Pinkillos: un acercamiento inicial", de Edgardo Civallero, accesible en línea.

 


Etiquetas: ,